20 de febrero de 2010

Muuuuuuchos años atrás



Un comentario en una entrada del blog, me llevó de pronto a un lugar muy lejano en el tiempo, pero tan presente, que no me resultó difícil poner en marcha la moviola y echar atrás años y años.
En "Museos curiosos" tengo una foto en la que estoy sentada en un autobús, especial para mí, ya que era el que hacía la ruta en el barrio de Benalúa de Alicante, donde yo estudié interna en el colegio de las Teresianas. (Son religiosas seglares)
Pues bien, unos chavales que están recopilando la historia del barrio, con muy buen hacer y fortuna, me dijeron que les interesaba la foto, y me preguntaron si me acordaba de ciertas cosas relacionadas con el colegio.
Me hicieron feliz, porque ese sitio significa para mí unos años muy bonitos que nunca he olvidado, y sigo soñando con él ahora igual que antes.
Gracias a estos chavales (http://www.barriobenalua.es), he sabido que el Centro se ubicó en una antigua clínica (Carbonell), después de la guerra, y que anexionaron al colegio la finca de al lado, que efectivamente se veía que no guardaba relación con el otro edificio.
Junto al nuestro, había un chalé que era nuestra pesadilla, pues corría el rumor de que lo habitaban fantasmas, perteneciente a los Prytz. Cuando anochecía, ya no pasábamos por la valla que lo separaba del nuestro, por lo que pudiera pasar, pero es que era tétrico, deshabitado y con murciélagos por los torreones. Para unas niñas, muchas papeletas para salir corriendo.
Bueno, pues muy amablemente me han mandado la historia de ese chalé y me he enterado de muchas cosas que no sabía. Gracias, chicos.
Y mi mente se ha puesto a trabajar: una escalinata grande que daba acceso a la "parte noble" del colegio, el comedor, los patios, las clases, la capilla, los jardines, las habitaciones, la secretaría, la tienda de material con la señorita Bastarreche al frente, el coro con la señorita Muñoz, encantadora... mi tutora de tercero la señorita Valls, a la que adoraba y de la que llegué a creer incluso que me había enamorado... pero es que la quería tanto que confundía los sentimientos. Ahora lo pienso y me entra la risa al recordar la escena y la cara que me puso la pobre mientras me aclaraba el caos que yo tenía en mi cabeza a los trece años.
Llevaba un baby blanco, con tablas, que me hacía cuatro veces más gorda, y encima, crecedero, y atado al cinturón y enrollado, el velo blanco que nos poníamos al entrar en la capilla, que nos llegaba hasta la cintura.
Me acuerdo de mis compañeras de clase y haciendo un gran esfuerzo he podido llegar hasta la D en la lista de 3ºA: Albero, Algiler, Alvarez, Arenas, Arenillas, Baeza, Barceló, Briasco, Canales, Carbonell, Carmona, Díez, Devesa, Dors... y les he puesto cara. Luego ya por la V, Valdés, Vidal... 
Todas externas menos Vidal y yo (Canales). Sólo éramos veintitantas internas y parecíamos una gran familia, hasta el punto de que podíamos ir a casa un fin de semana cada mes, pero preferíamos quedarnos allí.
A las siete nos levantábamos, aseo, misa, desayuno, a esperar la hora de clase, recreo, otra vez clase, estudio hasta la hora de comer, comida, recreo, clase, merienda, clase otra vez, rosario, y estudio hasta la hora de cenar, cena, rato en la capilla para meditar y a la cama.
Los domingos nos llevaban a pasear o al cine de los Jesuitas, que nos gustaba más porque al menos veíamos chicos.
Fueron cuatro años preciosos que siempre estarán dentro de los mejores de mi vida, rodeada de una gente estupenda, tanto compañeras como profesoras.
La foto corresponde a una de las salidas, que nos llevaron al puerto, y estamos Pilar Cayuelas, Mercedes Castaño, Atala Crespo, Carmen Ercoreca, Julia, Mª Salud y yo, la primera por la derecha.
Pongo los nombres, por si en una de esas casualidades de la vida, llegara este blog a alguna de ellas.