Bienvenidos a El mirlo de papel

Soy Varech y ando por la Red desde hace un tiempo, lo cual me produce a veces quebraderos de cabeza aunque la mayoría de las ocasiones me satisface.

31 de enero de 2011

¿Diga?


Hoy era una mañana normal hasta que sóno el teléfono.

Yo._ ¿Si?
Otro._ Buenos días.
Y en esos momentos, reconozco la voz del que llama: un amigo de toda la vida. Que conste que soy muy buena reconociendo las voces por teléfono.
Y._ Hoooooola ¿Qué tal?
O._ ¿Está el Sr. Hidalgo?
Y._ ¿Qué pasa? ¿Yo no te sirvo? Jajajajajaja............
O._ ¿Es usted su mujer?
Y._ Pues no, qué quiere que le diga. Soy su sobrina, que es que mi marido me ha repudiao mu malamente y como mi padre no me quiere en su casa, mi tío me ha recogido y ahora vivo en la suya. Menos mal, porque así no me veo en la calle (yo, de cachondeo total).
Silencio sepulcral.
O._ Mire, yo pregunto por Don Antonio Hidalgo (seguía la voz exacta a la de mi amigo).
Y._ ¡Vale, vale! Y yo por Don Pepe Montenegro.
O._ ¿Pepe Montenegro?
Y._ Venga ya, cachondo, que te he conocido desde el primer momento. Mira que te gusta vacilar.
O._ ¿Pero usted es la mujer o la sobrina de Don Antonio?
Aquí empecé a notar que la voz no era tan exacta a la de mi amigo y me dio la risa tonta. No podía ni hablar. Además, miré el número y no era el de Pepe. Muerta de risa le pregunté:
Y._ ¿Pero usted quién es?
O._ Le llamo de la oficina de administración de locales y viviendas. Como su marido o su tío es el presidente, tengo que hablar con él.
Y._ Espere por favor que me reponga. ¿Usted no es Pepe?
O._ Yo soy Pedro.
Y._ Disculpe, pero es que me he confundido. Creía que era un amigo.
O._ El que creía que se había confundido era yo (pensaría que estaba llamando a Cienpozuelos)
Y._ De veras lo siento (no podía ni hablar de la risa que tenía). Mi marido está comprando una cosa y cuando venga yo le diré que lo llame. Le puede contar siquiere lo que ha pasado. Jajajajajajajajajaj...........
O._ ¿De verdad que se lo puedo contar?
Y._ Por supuesto. (muerta de la risa de pensar en la cara que tendría el pobre hombre).
O._ Gracias, señora. Buenos días.
Y._ Buenos días y disculpe..........jajajajajajajaj...........

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Juro que la voz era la misma de mi amigo, hasta cierto punto de la conversación. Como es bromista y cuando llama siempre dice alguna tontería al principio, pues yo le he tomado la delantera, y por no fijarme en el número de teléfono a tiempo, he hecho el ridículo más espantoso, pero me lo he pasado en grande.

Moraleja: hay que mirar el número de la persona que llama.

29 de enero de 2011

Tarta Sacher malditos roedores




Era una tarta a la que le tenía muchísimas ganas, tanto al tipo como a la decoración.
Desde el 2005 pululan por mundorecetas estos ratoncillos, cuyo creador es el rey de las tartas Carlos Valencia, y ésta se la dedico con el deseo de que siga mostrándonos esas obras de arte culinarias, que no otra cosa son sus platos.
Es básicamente una tarta de chocolate, a la que le he puesto de relleno crema de naranja.
Como no acababa de gustarme el acabado de chocolate para los ratones, he decidido poner una placa de fondant blanco, para que destacara en el fondo oscuro.
Los ratones no son complicados de hacer, aunque es muy importante tenerlo todo preparado para que no se nos seque el mazapán, con la dificultad que esto entraña para poderlos modelar.
Se forma una especie de perita y en la punta, con un cuchillo, se abre para meter con cuidado y con ayuda de un palillo, los bigotes, que son de regaliz. Con el palillo se marca donde tienen que ir los ojos, y con unas pinzas se coge un cachito pequeño del mismo regaliz y se coloca en el hueco.
Se le pone colorante a un poco de masa y se colorea para las orejas, hocico y rabo. Es muy importante hacerlo todo seguido y guardarlos en un taper bien cerrado para que no se sequen.

Bizcocho Sacher:

Ingredientes:
100 grs. de mantequilla
150 " de harina
150 " de azúcar
160 grs. de cobertura negra
4 huevos
Algo menos de un sobre de levadura química

Preparación:
En un cazo se ponen a derretir a fuego suave la mantequilla y la cobertura. Disolvemos bien el chocolate y reservamos.
Mezclar las yemas con la mitad del azúcar y batirlas bien. Añadir a la mezcla anterior.
Incorporar la harina y la levadura química, poco a poco.
Montar las claras con el resto del azúcar.
Las añadimos al chocolate, poco a poco sin batir.
Engrasar un molde y verter la mezcla.
Meter a horno precalentadoa 180ºC veinticinco minutos, y otros veinticinco a 160ºC.
Aunque yo ponga estos tiempos, cada horno es un mundo y es mejor ir pinchando de vez en cuando con una aguja y cuando salga seca, ya se puede sacar.

Almíbar:

Poner en un cazo 200 grs. de agua y 200 de azúcar y dejar hervir unos 15 minutos.
Si se desea, se puede poner algo de licor.

Orange curd

4 huevos
200 grs. de zumo de naranja
120 grs. de mantequilla
250 grs. de azúcar
Piel de naranja
Una cucharadita de maizena

Batir los huevos y añadirles el azúcar, la mantequilla, el zumo, la maizena y la piel rallada. Cocer a fuego suave, mejor baño María, hasta que espese.

Pasta de mazapán
100 grs. de almendras muy molidas
100 grs. de azúcar glass
1/2 clara de huevo.

Juntar todo y amasar. Meter en una bolsa hermética hasta que se utilice.

Fondant de nubes
2 paquetes de nubes de Mercadona, quitando la parte rosa (como son cuadradas, sólo hay que darles un tijeretazo).
Pesarlas y poner el doble de azúcar glass..............COMPRADA
Un poco de manteca blanca. Yo no tenía y me ha sido más difícil unirlo todo.
Se ponen las nubes en un bol cortadas algo más pequeñas, se espolvorea un poco de agua por encima, casi nada, y se meten al microondas a potencia media un minuto. Sacar, mover y si no están del todo deshechas, meter 30 segundos. ¡Ojo, que se pueden quemar y ya no valen!
Hacer un volcán con el azúcar en una tabla o en la mesa y echar las nubes en el centro, mezclando bien con una espátula. Cuidado con meter la mano ahora, que están muy calientes las nubes. Nos engrasamos las manos con un poco de manteca blanca y trabajamos la masa como cualquier otra. Como la queremos blanca, no le añadimos ningún colorante.
En algunas tiendas americanas ya venden las nubes blancas para hacer el fondant.

Ganache
175rs. de nata líquida
10 grs. chocolate negro

Poner en un cazo la nata y cuando hierva apagar el fuego y echar el chocolate en trozos. Mover hasta que se deshaga bien. Dejar enfriar.

MONTAJE DE LA TARTA

La verdadera tarta sacher es de tres pisos, pero con dos está igual de buena y llena menos.
Hacer el bizcocho el día anterior, para que se pueda cortar bien. Dividirlo en dos partes.
Poner una de las partes en la fuente donde vayamos a servir la tarta.
Calarlo con parte del almíbar.
Poner la crema de naranja, ya fría.
Tapar con la otra mitad del bizcocho y calarlo.
Con el ganache cubrir los bordes de la tarta, para que quede curioso.
Estirar bien el fondant y hacerle unos agujeros.
Ponerlo encima de la tarta, dejando algunos bordes visibles.
Colocar los ratones al gusto.

La he hecho para celebrar el primer cumleaños de mi nieto Daniel.

27 de enero de 2011

Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid

Es uno de los museos más entretenidos de ver por la diversidad de sus piezas, y se encuentra en el Palacio del Marqués de Santillana, en la Calle Montalbán, muy cerca de la Plaza de Cibeles.
Se recogen objetos de gran valor procedentes de colecciones particulares, de los requisamientos de la guerra y de donaciones al Estado.
Hay esmaltes de diferentes tamaños y técnicas, en blanco y negro y en colores; vidrios; cerámicas de Talavera (colección de mariposas), de Alcora y de Teruel; paños bordados con distintos motivos y telas, según las regiones; una colección de abanicos; una sala china, con porcelanas de las dinastías Ming y Qing; diversos muebles de estilos variados; objetos religiosos; una cocina valenciana con preciosísimos azulejos; guadamecíes y la mayor colección de Europa de cordobanes, aparte de muchísimas cosas más. Son 60 las salas visitables.


Plantas baja y 1ª._ Colecciones temporales


Planta 2ª._ Casa señorial del XVII, sala, estrado cámara, oratorio y cocina. Colección de guadamecíes, cerámica de Talavera y Teruel, tejidos y orfebrería.


Planta 3ª._ Transformación de las artes decorativas en la época borbónica. Relojes, cerámicas y un belén napolitano del XVIII.


Planta 4ª._ Siglo XIX. Dormitorio fernandino y piezas de mobiliario neoclásico. Cocina procedente de un palacio valenciano, en azulejería, cuyas escenas dan una idea de la forma de vivir amos y criados en la segunda mitad del XVIII. Colección de azulejos levantinos.


A mí lo que más me gustó fue ver de cerca los cordobanes y los guadamecíes.

Los cordobanes se elaboran a partir de piel de cabra, que es dura, y estaban decorados con relieves obtenidos gracias a la aplicación de moldes de metal. Por ser bastante rígidos, se utilizaban para las encuadernaciones, respaldos de sillas y otros muebles.

Los guadamecíes se hacían con piel de carnero, que es más delicada, e iban estampados, labrados o repujados, policromados y dorados (estofados). Por su finura estaban más dedicados a los revestimientos y las tapicerías, a veces formando paneles iconográficos, como los retablos y los cuadros de devoción (igual que en la capilla reconstruída en la planta baja del museo).

Estas técnicas fueron desarrolladas en la Península Ibérica por los artesanos andalusíes durante la Edad Media, alcanzando mayor difusión en el XVI y el XVII gracias a los talleres moriscos.



Escalera del museo.

Parte de la cocina valenciana.

Nacimiento perteneciente al belén napolitano.

Arcón de madera y cuero policromado.

Reloj "Las portadoras".

Abanico cuya pintura refleja la boda de Fernando VII con Cristina de Nápoles . Pertenece a la colección de "abanicos cristinos".

Retablo hecho con guadamecí.

Jarrón de Sèvres que le regaló Napoleón III a Isabel II.

Mesa de plata del siglo XVI.

Es sólo una pequeña muestra de las cosas que se pueden ver en este museo. Hay también recreaciones completas de habitaciones que merecen ser visitadas.
Hasta el 30 de abril de 2011 es gratis la entrada y después costará 3 euros. Hasta el precio lo tiene estupendo.

24 de enero de 2011

Cierro los ojos y estoy allí

Delante de la casa: arriba a la izquierda la puerta y la ventana, el comedor de invitados, la siguiente ventana la cocina, y la puerta de la derecha la sala de estar. Las oficinas y la ventana del cuarto de invitados, abajo. Le sigue la puerta de hierro por donde se entraba, y en rojo el garaje.

Delante de lo que fue el garaje.

Un plano de la que fue mi casa durante quince años.


Me dio mucha alegría posar delante de estas paredes.

Este fin de semana he estado en mi pueblo, y andando andando fui a parar a la casa donde viví muchos años de mi vida: "La fábrica de Caralt".
Mi padre fue nombrado Apoderado-Delegado de la empresa Hilaturas Caralt-Pérez, y abandonando nuestro modesto hogar, nos instalamos en otro que poco tenía que ver con lo que habíamos conocido hasta entonces: muchas habitaciones, portero, servicio y cantidad de gente dispuestos a hacerle favores a mi padre para que se los tuviese encuenta, cosa que tratándose de mi progenitor resultaría del todo infructuoso porque honrado a carta cabal, no se casaba con nadie.
La vivienda se encontraba en el piso superior, y las oficinas y las habitaciones de los invitados, debajo. En la parte de enfrente, la báscula, la portería, la entrada al garaje y a una sala que la recuerdo llena de papeles de todo tipo............y algún que otro ratoncillo por allí corriendo. A lo largo de la fábrica había una serie de naves enormes donde se manufacturaba el cáñamo: espadado, rastrillado, prensado....y en una de ellas las balas de esta fibra llegaban hasta los enormes techos a la espera de los camiones que deberían trasladarlas a Barcelona.
La primera portera a la que conocí fue Ana, mujer que nunca olvidaré, y que esté donde esté, ella sabe el cariño que le tuve. Por las tardes, después de traerle la comida a los perros (la guardaban en un restaurante), y una vez que éstos ya se habían saciado, nos sentábamos juntas al lado de una estufa eléctrica mientras esperábamos ver salir a los ratoncillos a comerse las sobras que los perros habían dejado.. Como yo debía de ser una niña insoportable, mi madre se enfadaba conmigo, y siempre salía Ana en mi defensa:"María, déjela usted, mujer.......si es carne creciendo..."
También estaban Doloricas y María, cual de las dos más querida por mí.
Mirando el estado ruinoso de la casa, me vinieron a la cabeza muchos recuerdos: El comedor de invitados, santa santorun de mi madre y al que no nos dejaba apenas entrar, con un mirador celosamente guardado por unas cortinas de organdí blanco, cuyos volantes mi madre llevaba a encañonar a un convento de Orihuela.
La sala de estar donde ella, cada dia echaba hacia atrás la persiana de la puerta que daba al balcón y se sentaba a hacer sus labores....................a las seis de la mañana. Cubiertas de ganchillo, bordados y costura salieron de sus manos en este lugar, desde el que por San Roque, se podía escuchar la novena en la ermita del Santo. Cuando llegaba el lechero le echaba desde aquí con una cuerda la lechera y la remontaba lentamente de nuevo hasta el balcón.
La cocina era su mayor aliciente y se empeño en pintarla de unos colores imposibles (rosa y verde), pero como a ella le gustaba, pues todos cedimos a esa pesadilla de colores. En la mesa, preparaba todos los días el almuerzo a las diez de la mañana para mi padre y mis hermanas. Siempre lo mismo: anchoas en salmuera con ajos y aceite en medio del pan. ¡Qué rico me sabía!
Lo que llamo habitación polivalente, es porque unas veces era despensa, otras dormitorio y otras comedor, según convenía. Siendo etapa de despensa, dejó aquí mi madre un perol de bacalao meneao para Nochebuena, y cuando fuimos a buscarlo no quedaba nada, porque se lo había comido todo uno de mis perros, al que previamente le había abierto yo la puerta para que cogiera algo. Se la cargó el perro y me la cargué yo.
Y por el pasillo sigue mi habitación: una vez mis hermanas se casaron, me quedé yo sola con las dos estancias. Era mi refugio, mi mundo, donde yo me sentía agusto. Muchas noches asomada a la ventana contaba las horas que daban las campanas en la torre de la iglesia y era feliz viendo las estrellas hasta el amanecer. Cada noche, ante el espejo del armario ropero, ensayaba pasos de ballet clásico, soñando con ser el día de mañana una gran bailarina. Mi cama estaba pegada a uno de los radiadores, y cuando por la mañana oía a Doloricas que llegaba, me acurrucaba junto a él porque sabía que su primera misión era echar la leña para que se pusiera en marcha la calefacción. Ese calorcito en la mañana era una delicia. Aquí, hasta los diecisite años, cada mañana me traía mi madre el chocolate a la cama. Y también aquí, cuando estaba enferma, repasaba los cancioneros de Rocío Dúrcal y Marisol.
Y seguía la habitación de mis padres, que la recuerdo enorme, a dos alturas, y donde se encontraba el teléfono, con el número 22 escrito. Cosa curiosa, tenía un lavabo con un espejo.
La que denominábamos el despacho era otra estancia, que utilizábamos como trastero y a la que no me gustaba entrar por si me encontraba algún ratón. De nefasto recuerdo, ya que un día al encontrarnos mi madre y yo desenredándola, me dijo que no podía mover el brazo y fue el comienzo del derrame cerebral que la imposibilitó de por vida.
La terraza era grande, con el tendedero, y unos lavaderos donde los lunes una señora, nos lavaba la ropa. Al lado, una pequeña cocina donde algunas veces se hacía costra de la forma tradicional, o sea, con el capuchón de hojalata y las agramizas por encima. Algo así como un sombrero de mariachi, cuyos rebordes guardaban el fuego y hacían subir el huevo en el perol.
En el descansillo de la escalera, mi Antonio y yo nos dábamos el último beso antes de entrar al hall, donde años atrás, mis hermanas se sentaban con sus novios en sillones, en lo que se llamaba "festear", que no era otra cosa que pelar la pava.
Al lado del hall una pequeña habitación donde estaba la máquina de coser de mi madre, a la que seguía un mini aseo, en el que una vez escondí un gato sarnoso, y ya siempre tuvo el mal olor de ese animal enfermo.
El baño, lo recuerdo todo blanco y con una bañera enorme.
Daba al cuarto de la plancha donde mi madre tenía sus arcones y la mesa con la tabla de planchar. En un lateral puso a lo largo de toda la pared, una barra para colgar ropa, y abajo para poner los zapatos, que llamábamos "las perchas". Era un sitio que valía para todo. Después de tener mi madre el derrame cerebra, pusimos aquí la tabla con correas donde la colocábamos para ir levantándola cada día un par de centímetros. Se mezclan los recuerdos buenos con los malos.
Y al lado, antes de salir al pasillo, otra habitación que lo mismo era comedor que dormitorio, según convenía, aunque yo la usé mucho más para comer, y donde había un armarito en el que siempre había cosas dulces.
Así era mi casa, con unas ventanas de cuadraditos de madera, que eran el terror de las limpiadoras y de mi madre por lo difíciles de limpiar.
El garaje era muy grande y con toda clase de herramientas, que naturalmente mi padre no tocaba, porque no tenía ni idea.
Y ahora una anécdota: teníamos un seiscientos, eso sí, con chofer con su gorra correspondiente. Se llamaba Antonio Cortés y era el encargado de llevarme al colegio y de trasladar a mi padre por la huerta en las gestiones de la compra del cáñamo.
Pasé aquí quince años de mi vida, pero no la veo con nostalgia. Fue una etapa que pasó, aunque los recuerdos me acompañarán siempre.
Me ha gustado volverla a recorrer.

23 de enero de 2011

Florencia




Segunda escala del crucero. El barco atracó en Livorno y por la mañana nos citaron en la discoteca para darnos unas tarjetas de colores con las que desembarcar, pero la verdad es que fue todo un poco lioso, porque al final daba lo mismo el orden de salida. Unos autobuses (livorno 2000) nos llevaron hasta la entrada de la terminal y allí estaba esperándonos el autobús que teníamos contratado con EnRoma a través de un foro de cruceros. Arturo, el conductor, nos llevó hasta Florencia y una vez allí ya fuimos a pie con Franchesca, la guia que nos asignaron.
Florencia, la ciudad del lirio, es la capital de la Toscana. En el año 59 a.C se fundó como ciudad romana con el trazado típico cuadrado en sus calles. La ocuparon los bárbaros, los bizantinos, los godos, los lombardos..................Pasa por diversas guerras, por choques entre poderosos partidos (los que estaban a favor de los papas o el de los emperadores germánicos), y comienza a destacar en el campo de las artes y la literatura.
En el siglo XV continuó expandiéndose y llegó a ser la cuna de la cultura europea.
Familias poderosas se disputaban el control de la ciudad, pero una por encima de todas ellas logró su objetivo: los Médicis, familia de banqueros, cuyo fundador Cosme I elevó la ciudad a lo más alto del Humanismo y del Renacimiento, siendo mecenas de los más afamados artistas florentinos.
En esta época vivieron Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.
En el siglo XIX el gran ducado de Toscana fue anexionado a Italia y la ciudad fue, por un corto espacio de tiempo, la capital de la nación.
Tiene aproximadamente un millón y medio de habitantes y fue declarada en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La baña el río Arno, aunque casi toda la ciudad se halla en la margen derecha.
Es una ciudad impactante por la cantidad de palacios y monumentos que se pueden ver en plena calle, pero ojo que no se os ocurra sentaros a los pies de alguno que pueden multaros.
Florencia hay que contemplarla sin prisas, disfrutarla y por supuesto es obligado entrar en sus palacios y museos.

Comenzamos nuestra visita en el mirador de la Piazza Michenangelo, donde se puede disfrutar de las mejores vistas de Florencia. Hay un conjunto escultórico en bronce con el David de Miguel Ángel en el centro, y cuatro estatuas alegóricas de las tumbas de los Médicis en la Basílica de San Lorenzo.


Cuando salimos del autobús fuimos disparados a hacernos fotos y casi ni lo vimos. La he sacado de Google y por eso tiene un color rarito.


Esta es la foto más descriptiva de las que sacamos, y aunque venga con señorita oriental incluída, pues la pongo y un saludo para ella. A la derecha se ve la Santa Croce y delante la Biblioteca Nacional. Detrás destaca la cúpula de la catedral con el campanario, y delante la torre del Museo Bargello y la torre de la Badía enfrente. La otra torre de la izquierda es la del Palacio Veccio. Delante se puede ver la Cámara de Comercio (edificio de columnas), la parte de la Galería Uffizi que da al río, el Corredor Vasariano y el Ponte Vecchio.
Después de hacernos un montón de fotos, volvimos a autobús y entramos a la ciudad por el Ponte Allegra. Al bajar en el puente nos esperaba Franccesca, nuestra guía, con el símbolo de Florencia (el lirio) a modo de señuelo para no perdernos. Torcimos por Borgo Sta. Croce y llegamos a una Oficina de Turismo donde aprovechamos para entrar a los aseos y quedarnos ya tranquilamente disfrutando de la ciudad. Hay que reconocer que a la fachada le faltaba una mano.
A la salida de la calle nos encontramos con esta preciosidad de Iglesia: La Santa Croce, en la plaza del mismo nombre, donde según nos contó Franccesca se originó el fútbol, y en junio, el día de San Juan, se celebra un partido (creo recordar 20 jugadores por equipo), todos vestidos con trajes de época.
La basílica es una de las más grandes de Florencia, contiene grandes obras de arte (el interior lo dejaremos para un viaje más sosegado), y aquí están enterrados grandes hombres como Dante, de quien es la estatua de la izquierda, o Miguel Ángel.
En la plaza existe algo curioso: la ciudad se ha inundado varias veces, pero la vez que más alta llegó el agua fue en 1966, y sobre una puerta está el dato.
Seguimos por Borgo de Greci, y en una bocacalle a la derecha se podía ver la Plaza Firenze, con el Palacio Firenze y a la izquierda se ve la torre del Museo Bargello, donde hay magníficas esculturas.
Siguiendo por Borgo de Greci se pueden ver las fachadas renacentistas con los típicos almohadillados.





Avanzamos un poquito más y ya podemos ver la Plaza de la Señoria al fondo.


Aquí está la Plaza.


Delante del Palacio Viejo, la fuente de Neptuno.



Otra perspectiva de la plaza, con la estatua ecuestre de Cosme I de Médicis a la izquierda.


Al lado de la fuente, la copia de la escultura en bronce de la Judit de Donatello. La original está dentro, en la Sala de los Lirios.Fachada principal del Palacio Vecchio, con la entrada flanqueada por la copia del David de Miguel Ángel y Hércules y Caco. Arriba se pueden ver los frescos de los blasones comunales de la ciudad.






La Loggia dei Lanzi, en otro lado de la Plaza de la Señoria. A la izquierda, el Perseo, de Bembenuto Cellini y a la derecha, El Rapto de las Sabinas, de Juan de Bolonia. Y por enmedio, Almudena y Dani, la guía, yo...................
De la Plaza de la Señoria pasamos a la Galeria de los Oficios (Uffizi), donde como es lógico no pudimos entrar por falta de tiempo, pero desde donde mandé un recuerdo con toda mi alma a una de las obras de arte más bonitas que existen en el mundo: El Matrimonio Arnolfini.


A la izquierda se puede ver el inicio del Corredor Vasariano, hecho por Vasari para Cosme I de Médicis y que atravesando la Galería Uffizi, y el Ponte Veccio llega hasta el Palacio Pitti.



Mi Antonio haciendo una foto en la plaza Uffizi.
A la salida de la Galería llegamos al río Arno y pasamos por los arcos inferiores del Corredor para llegar al Ponte Vecchio.

Y ya estamos en el Ponte Vecchio. Es el único que sobrevivió a las bombas alemanas. Tiene tres arcadas centrales y a un lado y otro hay pequeñas casitas, ahora tiendas de orfebres la mayoría.

En el centro hay un ensanche que permite tomar fotos preciosas. No hay que perder de vista el Corredor, utilizado por Cosme I para poder atravesar el puente sin ser molestado por gente ni olores.
Franccesca explicándonos los pormenores del lugar donde nos encontrábamos.
Desde el puente, a la izquierda, la Galería Uffizi y el Corredor. Para llegar al puente pasamos bajo esos arcos.
Otra foto del puente. Tiene mucho encanto tanto la arquitectura como el colorido.
En el centro del puente, hay una estatua de Bembenuto Cellini.Aquí la señora Varech para la posteridad.
Casi todas las tiendas son joyerías.
Bueno, pues dejamos el Ponte Veccio (qué lío, lo mismo pongo los nombres en español que en italiano, jejejejeje.....) y nos dirigimos por la calle de Santa María hacia el Mercado del Porcellino. Aquí se venden muchas cosas de piel y hay algo que le da el nombre.
Este jabalí, que si le tocas el hocico vuelves a Florencia y si le echas una moneda y cae en las rendijas, se te cumplirá un deseo. Tiene el pobre el hocico con brillo, de tanto restregón.
Y seguimos adelante por Via Calimalia dejando atras el mercado. Franccesca sabía mucho sobre la ciudad y además nos llevaba a toda prisa para poder enseñarnos lo máximo posible dado el poco tiempo de que disponíamos. ¡Qué grupo tan majo de gente!

Pasamos por la Plaza de la República, lo que fue el centro de la ciudad y donde estaba el Foro Romano. La plaza está dedicada a Victor Manuel II.
Desde allí fuimos por Via Roma hasta la Plaza de San Juan donde se encuentra la Catedral de Florencia, Santa María del Fiore. Al volver la calle estrecha, la vista del monumental conjunto deja sin palabras.
Santa María del Fiore, hecha con tres tipos de mármoles: blanco de Carrara, verde de Prato y rosa de la Marisma. Si tenemos en cuenta que los cortaban a mano, podemos hacernos una idea del inmenso mérito que tiene esta construcción, además de su belleza. Sobre las tres puertas principales se encuentran en color, las historias de María. Daría por sí sola esta catedral para una entrada del blog, pero como volveré algún día a Florencia, entonces la pondré. Mientras, hay que disfrutar con este regalo para la vista.


A la derecha, el campanario de Giotto.
Aquí estamos varios del grupo haciendo fotos como locos. Por cierto, en la esquina, enfrente, en ese pórtico que se ve, estaba antiguamente la Misericordia, donde dejaban a los niños abandonados.
El Baptisterio, con la Puerta del Paraíso al frente. Edificio octogonal que servía para bautizar a los fieles. Tiene ocho lados por los ocho días que Cristo tardó en resucitar. En el bautismo se dice que los que hayan recibido este sacramento también resucitarán. Sobre la puerta de oro, un conjunto escultórico con el bautismo de Jesús.
Interior de la catedral. En el suelo se puede ver el dibujo que semeja una cúpula invertida.

La Puerta del Paraíso, de Ghiberti, con escenas del Antiguo Testamento.
El reloj que está encima de la puerta mayor de la catedral. En las esquinas los retratos de los Evangelistas pintados al fresco por Paolo Ucello. Este litúrgico reloj con una sola aguja muestra las 24 horas del horario italiano, que termina con el ocaso a las 24 horas. Este horario fue usado hasta el siglo XVIII. Es uno de los pocos relojes de aquel tiempo que todavía existen y funcionan.
La cúpula. Construída por Brunellesch. Una doble bóveda con cámara interior, con un diámetro de 45'52 metros y una altura de 91 metros. Construirla sobre un tambor octogonal, en la superficie, con las nervaduras encadenadas y los ladrillos colocados en espinapez le facilitaron bastante la colocación, que supuso entonces todo un acontecimiento arquitectónico. Se emplearon cuatro millones de ladrillos. Los frescos son de Vasari y Zuccari.
Y cuando salimos de la catedral empezó a llover como si no lo hubiera hecho nunca...................¡Vaya chaparrón! Como era la hora de comer nos compramos algo en esta pizzería (gracias Rubén por las cervezas), y entre eso y algo que llevábamos del barco, pudimos comer en la plaza, refugiados bajo unos plásticos de un bar. Naturalmente esta foto no es de ese momento, pero sirve para recordar, que siempre es bueno. Juan, la que nos cayó. Aquí nos abandonó ya Franccesca y nosotros seguimos hacia el autobús por la calle Cerretani, la que sigue a la izquierda.
¡Casi se me olvida! Yo creía que la cosa era de coña y que alguien había pintado a ese hombrecillo en la señal de tráfico, pero no, es que son así, y en Roma lo mismo. Me resultó muy graciosa y por eso la fotografié.Ya empezó a mejorar el tiempo y hacía muchísimo calor. Juan y Paula nos invitaron a un helado riquísimo, aquí, en la tienda del toldo verde. Ya estábamos a punto de decirle adios a Florencia. Al fondo se divisaba Santa María Novella, y detrás estaba ya la estación donde habíamos quedado con el conductor del autobús para que nos llevara a Pisa.
Fue una excursión preciosa. Muy poco tiempo para tantas cosas que ver, pero servirá para que en un futuro cercano mi Antonio y yo nos dejemos caer por allí unos días.