9 de abril de 2016

No me gusta verlo

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Estoy en una cafetería y en la tele están televisando la corrida de Sevilla.
Desde pequeña he vivido la afición de mi padre por esta fiesta, quien me llevaba a la plaza, me explicaba los lances, los colores de capa de los toros, cómo se les llamaba según la posición de los cuernos...
Cuando las veíamos en la tele, mi padre nos reunía en el salón con las persianas bajadas para verla mejor, y mi madre preparaba una merienda mientras él se fumaba uno de sus puros preferidos.
Era un gran aficionado y nos transmitió el gusto por ese espectáculo, pero con los años, mi forma de
ver "la fiesta" ha cambiado. Me sigue gustando la salida del toro comiéndose la plaza, y el toreo de capote. Una media verónica bien ejecutada me parece algo precioso.u

Pero cuando sale el picador, irremediablemente me pongo ya del lado del toro. Ya lo sé que hay que "rebajarlo" porque no se podría torear, pero no me gusta. El quite, una chicuelina que me reconcilia otra vez con el espectáculo, el toro que sale ya medio a trompicones con la mitad de fuerza y ahora las banderillas que me duele ver cómo se las ponen.
La gente aplaude, el torero brinda la faena y empieza el tercio de muleta, en el cual el toro termina hecho polvo.
Vale, vale. El torero corre peligro pero salvo contadísimas excepciones, el que sale ya de toriles con el taco entero de papeletas para palmarla es el toro. El torero lo hace porque quiere hacerlo.
Con las banderillas en el lomo, la boca abierta, encogido, ahora le toca el momento más importante. El torero lo cuadra y se dispone a darle pasaporte, que si el toro tiene suerte, será de una estocada y un descabello. Pero con frecuencia no tiene esa "suerte" y pinchazo tras pinchazo, el toro se ve acorralado y vuelta a empezar. El descabello también tiene lo suyo. Como el torero no tenga su tarde, seremos testigos de uno tras otro hasta que acierte.
Pues no me gusta.
Yo no voy a ir por ahí manifestándome en contra de "la fiesta", ni voy a insultar a los aficionados ni a los toreros. Soy consciente de que mucha gente come de esto y sería catastrófico que se terminara.
En cuanto a lo que oigo por ahí de que el toro no sufre, y que si no fuera por las corridas no existiría este animal, en lo primero no estoy de acuerdo y respecto a lo segundo, estoy segura de que sería así, aunque a lo mejor merecería la pena.
Viendo esta corrida, tengo claro una vez más que no me gusta esta "fiesta".
Ahora por favor, que no me salga nadie nombrándome los mataderos de pollos o de reses. La forma de morir no es la misma.
En fin, para gustos los colores y no seré yo la que juzgue a nadie por no estar de acuerdo conmigo.