22 de febrero de 2016

Éfeso


Por la mañana habíamos estado en  Hierápolis y Pamukkale,  y ahora nos dirigíamos a Esmirna para visitar nuestro último punto en Turquía, que era Éfeso, una antigua ciudad griega, que pasó más tarde a ser del Imperio Romano.
Éfeso fue excavada por arqueólogos ingleses, y muchas figuras y objetos valiosos se encuentran en el Museo Británico.
Se hallaba cerca del mar, y una de sus vías llevaba directamente al puerto, pero poco a poco ha ido creciendo la distancia a la costa de esta antigua ciudad.
Con una distribución urbanística muy adelantada a su época, fue el modelo para otras ciudades.



Entrando por la Puerta Magnesia, encontramos las Termas de Vario, donde se pueden ver incluso las cañerías de barro cocido.


Ágora del Estado junto al Odeón.


Mi Antonio en la Vía de los Curetos, que eran unos sacerdotes encargados de mantener siempre vivo el fuego sagrado de Hestia, la diosa del hogar.


Seguimos por la Vía Curetos. Las columnas servían de soportales para la entrada a las tiendas. Era la arteria principal, con alcantarillado.


Mi Antonio con la Biblioteca de Celso al fondo.


Detrás del guía, entrando al Odeón.


El Odeón era un pequeño teatro, con capacidad para 400 personas. Se empleaba también para reuniones sociales. Tenía 23 gradas.


Puerta de salida del Odeón.


A la derecha una basílica romana, y a la izquierda el Pritaneo, que era algo así como el ayuntamiento, y estaba dedicado a Artemisa.


Otras ruinas en la misma vía, que iba de la Puerta Magnesia a la Biblioteca de Celso.


Pritaneo.


Seguimos bajando hacia la Plaza de Domiciano.


Monumento a Cayo Nemmio, arquitecto.


En la Plaza Domiciano, de frente el arco de la Fuente de Polio, y a la derecha el Templo de Domiciano.


Relieve de la diosa Niké.


Monumento al arquitecto Nemmio.


En esta calle, había estatuas de hombres ilustres.


Puerta de Hércules. Representa a Hércules vestido con la piel de un león.


Fuente de Trajano.


Mosaico de una casa.


Casas, que eran muy lujosas para la época.


Templo de Adriano.


Calle cerca de los Baños de Escolástica.


Letrinas. Este lugar tenía también una función social, ya que mientras hacían sus necesidades, hablaban de negocios o de otros asuntos.


Llegamos a la Biblioteca de Celso.


Parte de los baños.


A la izquierda de la biblioteca, las casas de la colina y a la derecha la Puerta de Augusto.


Los turistas llenábamos todos los rincones.


Vía de Mármol.


Biblioteca de Celso. Situada en el cruce de la Vía Curetos y la Vía Mármol, mandado construir por un cónsul romano, en memoria de su padre.


Casas, y mi Antonio admirando el lugar.


Diosa en una de las hornacinas de la biblioteca.


Otra diosa.



Puerta de Marzeo y Dimítriates, dos esclavos que fueron liberados y en honor a Augusto edificaron esta puerta.


En un espacio cubierto hay algunas piezas, entre ellas, la figura de Artemisa polimástica.


Mi Antonio posando para la posteridad en la Biblioteca de Celso, el edificio más espectacular de esta ciudad.
Se hizo mirando al este para aprovechar mejor la luz diurna.
Las cuatro estatuas de las hornacinas son las cuatro virtudes, que Celso tenía, según su  hijo: Ennoia, la Reflexión; Sofia, la Sabiduría; Areté, el Valor y Epsisleiné, el Conocimiento.


En este trozo de mármol hay grabado un corazón con puntos, una mujer y un pie. Era la indicación que llevaba al burdel.


El Ágora comercial.


El Gran Teatro, con una acústica excepcional y una capacidad para 2.500 personas, se encuentra al final de la Vía Mármol.


Lo comenzaron los griegos y lo acabaron los romanos, por lo cual tiene partes de los dos estilos.
Aparte de teatro y música, también se celebraban aquí espectáculos de gladiadores.


Al fondo, la parte de la orquesta.


Y aquí termina mi descripción de esta maravilla, que espero que os haya gustado.
En el autobús nos dirigimos al hotel, que era un resort alucinante, pero que íbamos a disfrutar muy poco, ya que al otro día saldríamos ya para Madrid.
Cenamos maravillosamente y nos acostamos.
Pongo unas fotillos del hotel.







 





  




  
  



A las dos de la madrugada sonó el despertador. Bajamos a desayunar y salimos hacia Esmirna. 
Tomamos un vuelo con escala en Barcelona, que fue lo peor del viaje, ya que estábamos cansados y se nos hizo muy pesado porque nos quedábamos dormidos todo el tiempo.
Pero bueno, nos quedó la satisfacción de un viaje estupendo, en el que habíamos conocido otros modos de vida y otra cultura diferente a la nuestra, así como lugares de ensueño.
Si tuviera que calificar este viaje, lo haría con un 10.