29 de julio de 2019

Covarrubias y Lerma


COVARRUBIAS

Cuarenta y siete años separan estas fotos tomadas en la Puerta del Adelantamiento de Castilla, en Covarrubias. Ahora tenemos más experiencia, más kilos, tres hijas, seis nietos, y las mismas ganas de viajar y de visitar los sitios ya conocidos o de descubrir lugares nuevos.
Y por la primera de las razones, repetimos visita a Covarrubias y Lerma.


Para la Historia, la población de Lerma está unida al valido de Felipe III, el Duque de Lerma, pero para Antonio y para mí esta ciudad significa mucho más: su nombre nos lleva a los recuerdos de unos días que vivimos en compañía de unos amigos muy entrañables para nosotros: Ana y Chema. Él ya se marchó, pero siempre estará en nuestro corazón. 

El viaje se gestó en las oficinas de Dragados y Construcciones. Lorenzo Casado, natural de Lerma, les habló de lo maravilloso que era su pueblo y que se encontraba cercano a Covarrubias, la cuna de Castilla. Los convenció y pasamos en esta última ciudad la Nochevieja de 1972. Nos alojamos en el Hotel Arlanza y antes de cenar, guitarra en ristre, nos fuimos por las calles cantando, algo que tanto a Chema como a mí nos encantaba. Ana y Antonio, más serios, se limitaban a seguirnos la corriente. Cuando nos dimos cuenta llevábamos detrás de nosotros unos cuántos turistas, encantados con el fiestorro. Aclaro que todo esto fue después de visitar algunas bodegas.


Qué jóvenes y cuántas ilusiones por cumplir.


El contraluz era tan enorme que casi no se ve el Torreón de Fernán González. La foto está hecha desde el parque de la princesa noruega Cristina, infanta de Castilla.


El monumento a la princesa.


Torreón de Fernán González (aquí se ve mejor), donde fue encerrada su hija Doña Urraca.


Las papeleras de Covarrubias, son una copia de la construcción típica de sus casas.


Casa de Doña Sancha, ejemplo de la arquitectura de Covarrubias.



Ayuntamiento


Plaza del Ayuntamiento


Aquí tomamos unas copas en compañía de Ana y Chema, hace 47 años.

Antonio delante del Torreón de Fernán González, primer conde de Castilla.


Colegiata de San Cosme y San Damián.


La joya de la Colegiata es este tríptico de la Adoración de los Reyes, cuyo autor se cree que es el Maestro de Covarrubias, perteneciente al taller de Gil de Siloé.


Tumba de Fernán González  en el lado del Evangelio del Altar Mayor.


Tumba de Doña Sancha, esposa de Fernán González, en el lado derecho del Altar Mayor.
Es una iglesia llena de tumbas. También se encuentran aquí las de Doña Urraca, segunda mujer del Conde, y de su hija Urraca García.


Virgen de la Cereza, patrona de Covarrubias


Junto a la Colegiata discurre el río Arlanza, que da nombre a toda la comarca. En una especie de isla que hace al dividirse en dos brazos, aprovechan los racheles (gentilicio) para darse un baño y mitigar las altas temperaturas del verano.


LERMA


Maqueta de Lerma. Al fondo el Palacio Ducal y a la derecha el Convento de San Blas y la Plaza de la Villa.
Por el otro lado, la Plaza de Santa Clara, con el Convento de la Ascensión y el Mirador de los Arcos. En primer plano, a la izquierda, la Colegiata de San Pedro y en el centro, la Puerta de la Cárcel, al principio de la Calle Mayor y a la izquierda de esta calle, el Convento Madre de Dios.
De las dos alas laterales del palacio, salía un pasadizo que llegaba hasta San Pedro, y hasta el otro lado, en forma de herradura. Se utilizaba para que el Duque de Lerma no se mezclara con el pueblo y no se cansara porque iba en un palanquín. Se sabía por qué parte del pasadizo iba, por el abrir y cerrar de ventanas. Unos sirvientes iban delante abriendo, y cuando pasaba, los de detrás cerraban las ventanas.


Retrato del Duque de Lerma realizado por Rubens.
Francisco de Sandoval y Rojas, nació en Tordesillas en 1553 y murió en Valladolid en 1625.
Primer Duque de Lerma fue educado en la corte de Felipe II y se hizo gran amigo de la infancia de Felipe III.
Su abuelo materno era San Francisco de Borja y pertenecía a una familia con tradición en el Adelantado de Castilla.
Fue el verdadero rey de España, el hombre más poderoso del reinado de Felipe III. Se enriqueció a través de la corrupción y la venta de cargos públicos, convirtiendo la corte en un inmenso mercado de compra-venta de favores y sobornos.
Convenció al rey para trasladar la corte a Valladolid, pero previamente adquirió terrenos y bienes que vendió a precio de oro al rey más tarde, haciendo pingües negocios. Más tarde, volvió a convencer a Felipe III para volver a Madrid, haciendo la misma operación en terrenos y prebendas.
Se casó con Catalina de la Cerda, hija del IV Duque de Medinaceli.
Uno de sus hijos fue el Duque de Uceda, que sustituyó a su padre como valido de Felipe III, quien poco a poco fue perdiendo el poder en favor del Conde Duque de Olivares.
Para no ser juzgado y hecho prisionero por sus múltiples desmanes, se ordenó cardenal y circulaba por el pueblo esta coplilla: "Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado."


Escudos nobiliarios del Duque de Lerma y de su esposa Catalina de la Cerda. El del duque, a la izquierda.


Ayer y hoy en la Puerta de la Cárcel, la única que queda de la antigua muralla y que da paso a la Calle Mayor.


Sobre los soportales, antiguos colegios de niñas y de niños. Se ve el chapitel de la Colegiata de San Pedro.


Calle Mayor


Plaza Mayor, antiguo patio de armas de un palacio ducal con aspiraciones de palacio real, y para ello se erigió con cuatro torres. El Duque de Lerma engañó una vez más a Felipe III y le pidió permiso para hacer dos torres, aunque ocultó que ya tenía dos construidas. Solo pueden tener cuatro torres los palacios reales.
Es de estilo herreriano y no por casualidad. Se había terminado el Escorial y quedaron sin trabajo los artesanos que habían venido de todas partes, de albañiles a pintores. Entonces se los trajo y en poco tiempo consiguió un palacio de trazas muy parecidas, consiguiendo su propósito de tenerlo hecho cuanto antes, ya que la media de vida era baja y quería verlo terminado. 
De los laterales del palacio salían los pasadizos, de los que se puede visitar un tramo.


Patio del palacio, hoy día convertido en Parador Nacional. Cuando fuimos había una exposición de tapices.


Tienda de productos típicos en la Plaza Mayor


Pasadizo


Una recreación


Antonio ante un panel de una batalla, en la oficina de turismo, donde se recrean algunas situaciones bélicas y otras de la época de Felipe III.


Antonio preparado para la ocasión.


Templete de música en la Plaza de la Villa


Colegiata de San Pedro. Como estaban aquí las Edades del Hombre, algunos templos no pudimos verlos, como por ejemplo este.


Frente a la colegiata, estaba sentado Zorrilla, quien tenía por aquí cerca su casa.


Convento de las Carmelitas, desde la Puerta de la Cárcel


Tumba del Cura Merino


En los arcos del mirador


Antonio viendo la vega desde los arcos


Plaza de San Blas con el Convento de San Blas, y un lateral del palacio.


Puerta de la Cárcel


Bodegas familiares. Aquí encontramos unos señores que conocían a la familia de Lorenzo Casado y que amablemente nos explicaron todo este tema de las bodegas.


Comimos en la Taberna del Pícaro


Una sartén con huevos, picadillo y patatas y una cazuela de morro guisado, que estaba para comerse un pan acompañando. Y, naturalmente, vino de la tierra.


Llegó la hora de cenar y nos dirigimos a un restaurante que había visto por internet y que me había llamado la atención, por la decoración de su terraza.
Y Antonio dijo la palabra mágica: "Yo he estado aquí", y cuando dice que ha estado, es cierto.
Bueno, pues nos fuimos al jardín de Galoria.


Y Antonio habló con los camareros y les contó que habíamos estado allí hacía casi cincuenta años y hablando hablando, resulta que era la casa de las hermanas de Lorenzo Casado, el conductor de la ambulancia de Antonio, que nos había llevado a Lerma. Fue allí donde comimos con sus hermanas una menestra estupenda y un lechazo de escándalo. Casualidades de la vida.
El jardín era por entonces un huerto abandonado.


Yo, con mi gin tonic, encantada de estar en un sitio tan estupendo.


La barra del bar


Un lugar precioso para tomar una copa.

Y así terminamos estos dos días, en los que recordamos lugares y personas, que al fin y al cabo es lo que conforma nuestra vida.