25 de agosto de 2026

Guadalupe


 Hicimos más de 250 km de ida y otros tantos de vuelta, pero mereció la pena, porque si el pueblo es bonito ya de por sí, el monasterio es una obra digna de admirar, tanto por su ejecución como por su historia.

Guadalupe se sitúa en la Mancomunidad de Villuercas-Ibores-Jara, en la provincia de Cáceres. Los caminos reales eran vías de comunicación que pertenecían al rey, y este fue el más popular durante dos siglos. Para facilitar el acceso  de los viajeros que llegaban del norte, el arzobispo de Toledo mandó construir en 1383 un puente sobre el río Tajo, en cuyo entorno se formó la villa de El Puente del Arzobispo. Este camino tiene dos orígenes: Madrid y Titulcia (variante de Toledo). El trayecto desde Madrid es de 257 km y se une al de Toledo en La Mata.

Es una fortaleza mudéjar, construida con elementos  renacentistas y barrocos. La fachada principal  se sitúa en la Plaza de Santa María, donde sobresalen la Torre de Santa Ana, y la Torre del Reloj


 Hay otros caminos procedentes de distintas ciudades españolas, y todos acaban en Guadalupe.


 La Plaza de Santa María tiene forma irregular, y en el centro se encuentra la fuente donde fueron bautizados los dos primeros indígenas que trajo Colón a España. 


 Bajorrelieve en bronce donde se muestra el bautizo de los dos indígenas, a la izquierda de la fachada principal.


En la parte derecha, igualmente en bronce, la imagen de la Virgen de Guadalupe.
 

 Vamos a sacar las entradas para visitar el monasterio. La taquilla se encuentra en la antigua portería, a mano izquierda, donde también está la tienda. Este sitio, llamado mayordomía, es donde antiguamente se atendía a los pobres.
 

 Mientras nos dirigíamos al claustro, encontramos este patio lleno de encanto.
 

 Una vez que atravesábamos alguna de las puertas, nos estaba terminantemente prohibido hacer fotos, así que de los distintos museos, no tengo imágenes. En lo que era el refectorio, está el museo de los bordados, con piezas muy antiguas la mayoría de ellas, realizadas por artesanos de los talleres del monasterio. Otro de los museos es el de libros miniados. Consta de 107 códices, de los cuales 97 son cantorales de gran tamaño. También hay otro espacio para la pintura y escultura, con lienzos del Greco, Zurbarán, Goya o Juan de Flandes.
 

 El Claustro de los Milagros, con el magnífico templete central, que es lo más característico del claustro. Gótico mudéjar, barro cocido y ladrillo, decorado con azulejos y yeserías.
 

 Se le llama "de los milagros", por los cuadros que lo rodean y que narran milagros de la Virgen de Guadalupe.
 

 Lavatorium. En esta fuente se lavaban las manos los monjes antes de entrar al comedor. 
 

En este monasterio se encuentra la imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura y Reina de las Españas. Según la leyenda, la Virgen se apareció a un vaquero llamado Gil Cordero, y le encargó buscar una imagen que estaba enterrada durante el dominio musulmán. Luego, que erigiera un templo en ese lugar, y por eso se construyó la primera ermita a la que acudían peregrinos. A su alrededor se creó La Puebla entre los siglos XIV y XV.
 

 Mi Antonio, fotografiando el claustro.
 

Escalera plateresca de Alonso de Covarrubias.  
 

 Relicario, con imágenes de la vida de San José, valiosas reliquias y regalos donados a la Virgen.
 

Una de las muchas joyas del monasterio, es la Sacristia. Tiene forma rectangular, con bóveda pintada al temple, que representa escenas de la vida de San Jerónimo, cuya capilla está al final. Hay ocho lienzos de Zurbarán, con monjes a tamaño natural.
 

 Camarín de la Virgen, del siglo XVIII, con cuadros murales de Lucas Giordano. Es denominado "la antesala del cielo". De estilo rococó y planta octogonal. Hay ocho esculturas de las ocho mujeres fuertes  de la Biblia.
 

En el camarín hay una puerta, y tras ella está guardada la Virgen de Guadalupe, del siglo XII y realizada en madera de cedro ennegrecida. El bastón de mando fue un regalo de AlfonsoXIII.
 

 Una vez que vimos el monasterio, pasamos a visitar la iglesia. Es gótica y de planta basilical.
 

 Capilla de Santa Ana, con un lienzo de la Sagrada Familia, y a la izquierda, el sepulcro de Dn. Alfonso de Velasco y su esposa Isabel, representados en actitud orante.
 

 Pila bautismal.
 

 Azulejo en la entrada.
 

 Vista de la iglesia, con el retablo del Altar Mayor.
 

 Retablo Mayor (no pudimos acercarnos por no entorpecer la ceremonia), de Juan Gómez de Mora, del siglo XVII, dorado y policromado por Giraldo de Merlo y Jorge Manuel Theotocópuli, hijo del Greco. Tiene una reja de hierro forjado de estilo gótico-renacentista, realizada por frailes dominicos. Es del siglo XVI, con escudos de la Virgen y San Jerónimo, y se remata con cresterías caladas.
 
 
Alfonso XI, en agradecimiento por su victoria en la Batalla del Salado, mandó construir una iglesia donde ya había una modesta ermita, y se formó una Puebla alrededor del santuario. Mandó agrandarlo para que se transformara en un templo digno de la Virgen, y añadió hospitales para los peregrinos que acudían.
Durante cuarenta y ocho años, el santuario creció en importancia. 


 Salimos de nuevo a la plaza. A la iglesia se accede por estas puertas, que son de bronce repujado, con relieves de escenas de la Virgen y el Nuevo Testamento.
El conjunto pasó a ser un monasterio en 1389, y sus moradores fueron una comunidad de treinta y dos monjes jerónimos. En 1835 tuvo lugar la exclaustración, y la iglesia quedó para uso de la parroquia, dependiente de Toledo. Durante la restauración borbónica, se declaró al conjunto Monumento Nacional, y el rey Alfonso XIII consiguió una Real Orden para la entrega del monasterio a una comunidad de franciscanos.
 

 Parte del monasterio donde se ubicaba la Sala Capitular, antigua Biblioteca.
 

Soportales de la Plaza de Santa María. 


 Junto al monasterio, un área de peregrinos.
 

 Iglesia de la Santísima Trinidad, actualmente un centro cultural.
 

 Frente a la iglesia, el Parador Nacional, ubicado en el antiguo Hospital de San Juan Bautista, del siglo XIV, que atendía a los peregrinos.
 

 Patio del Parador Nacional.
 

 En estos azulejos que hay en el patio, se habla de que aquí se diseccionó por primera vez un cuerpo humano.
 

 Calle Nueva de los Capellanes. Galería mudéjar porticada del siglo XV. El rey Alfonso XI mandó hacer viviendas para el clero, al reedificar y ampliar el santuario. De ahí el nombre de la calle.
 

 Soportales y artesonado.
 

 Desde uno de los arcos, el Camarín de la Virgen y la Torre de las Campanas.
 

 Seguimos por la Corredera, que era la muralla medieval que protegía el santuario y la población. Y por este camino llegaremos a uno de los arcos interiores, que era entrada y salida de la misma.
 

 El Arco de San Pedro. Por aquí pasaban los peregrinos que venían del norte.
 

 El mismo arco, visto por el otro lado, con la imagen de San Pedro. De aquí parten callejuelas muy empinadas, lo que llaman el Barrio Alto.
 

 Hospital de la Pasión, del siglo XV. Fue muy importante por la dedicación a la cura de la sífilis, las bubas y otras enfermedades contagiosas. Más tarde se ubicó aquí una fábrica de jabón.
 

Fuente de la Pasión.

Hospital de mujeres, del siglo XV, destinado a mujeres peregrinas y necesitadas que venían a Guadalupe.




Casa de Gil Cordero, pastor cacereño a quien se le apareció la Virgen a finales del siglo XIII. Su cuerpo yace sepultado en la nave contigua a la sacristía del monasterio, lugar exacto donde, según la tradición, apareció la talla románica.


 Nos situamos de nuevo en la Plaza de Santa María, de donde parten las calles principales, y vamos a visitar la Puebla Baja.
 

 En la calle Sevilla, casa de Gregorio López, famoso jurista, humanista y abogado.
 

 Con el monasterio detrás.
 

 Arco de Sevilla. Puerta interior de la muralla, que cerraba, junto con la del Chorro Gordo y la de San Pedro, el primer cinturón defensivo del monasterio.
 

 Puerta de Sevilla por la otra parte. Al fondo, el monasterio.
 

 Vamos bajando por la judería.
 

 Nos dirigimos hacia la Plazuela de la Fuente de los Tres Chorros, en torno a la que se agrupan las casas de la Puebla Baja. 
 

 Fuente de los Tres Chorros, del siglo XV, con las casas porticadas alrededor, de los siglos XIV al XVI.
 

Soportales de la plaza. Todo el pueblo está muy cuidado y muy limpio.

 Vamos dejando atrás  Guadalupe.

A la izquierda se encuentra el Claustro Gótico, pero no lo vimos porque es la Hospedería. Desde la calle Alfonso Onceno, el aspecto del monasterio es más bien parecido a un castillo.

¿Merecieron la pena los muchos kilómetros y las muchísimas curvas del trayecto? Por supuesto que sí.