22 de septiembre de 2026

Cuéllar

 

Siguiendo nuestra ruta de castillos, esta vez nos vinimos a Cuéllar. Se encuentra en la provincia de Segovia, a medio camino entre esta y Valladolid, y es una villa medieval declarada Conjunto Histórico Artístico en 1994 por su patrimonio cultural en el que destaca su castillo, el recinto amurallado, las construcciones mudéjares y muchos edificios históricos.

Entramos a la ciudadela por la Puerta de San Basilio.


 Lo primero que hicimos fue irnos al castillo. La visita es guiada y se tiene que sacar la entrada previamente por internet, de forma obligatoria. En la foto se ve el foso seco y la falsabraga, que es una muralla con torreones paralela a la fachada del castillo. El espacio entre ambas construcciones es la liza.


Atravesando la puerta de acceso se llega a este patillo. A la izquierda, en la Torre del Homenaje, se sitúa la entrada a la Oficina de Turismo, y la puerta de enfrente abre al Patio de Armas. Pero ese fue el final de nuestra visita.
 

 Y llegando a los escudos que hay sobre la puerta que da al Patio de Armas, tengo que explicar brevemente algo de la historia de este lugar: también se le conoce como de los duques de Alburquerque, y su estilo arquitectónico abarca desde el siglo XII al XVIII. Se encuentra en lo alto de la ciudadela, cerrando el recinto amurallado. En 1433, Juan II de Castilla regaló la villa al condestable Álvaro de Luna, pero tras la muerte de este, la propiedad volvió a Juan II, quien lo regaló a su hija Isabel, siendo ella señora de la villa hasta 1464, en que su hermano Enrique IV se lo quitó y lo regaló a Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque.
A la izquierda, el escudo de armas de Beltrán de la Cueva. A la derecha, el de su mujer, Mencía de Mendoza y Luna y, en el centro el de Enrique IV de Castilla, con su divisa de las granadas, "es agridulce reinar". 
Hasta entonces, había sido una fortaleza militar, pero Beltrán de la Cueva lo transformó en un palacio.
Cuando Isabel fue proclamada reina de Castilla, Beltrán hizo algunas reformas en el castillo para reforzar su defensa, por si a Isabel se le ocurría reclamarlo. 
 

 Por eso hizo construir la falsabraga. La liza es como un pasillo trampa que no lleva a ningún sitio, y que les permitía capturar a los posibles asaltantes de la fortaleza. Al final se ve la Torre del Homenaje.
 

 Vamos hacia la otra esquina donde hay una torre circular y se ve otra cuadrada.
 

 Por la liza llegamos a una de las puertas de la primitiva muralla, que se incluyó en la construcción de esta torre esquinera.
 

 Salimos por esa puerta y vemos el Mirador de la Duquesa. Aquí también hay ejemplos de arquitectura mudéjar. Es curioso observar la distribución de las ventanas de esta fachada, fruto de adaptar la arquitectura militar a la conveniencia de un palacio.
 

 Galería mudéjar del siglo XIII. Empezamos la visita al interior del castillo por la puerta de la derecha.
 

Entramos en el pudridero, donde se puede ver la rejilla en la parte superior, por donde se echaba a los presos, que difícilmente podrían salir, ya que desde esa altura, lo más probable es que se rompieran alguna parte del cuerpo al llegar al suelo.
 
 
Subimos hasta una capilla donde vemos la rejilla que da al pudridero. Sobre el altar, un repostero con el escudo del VIII duque de Alburquerque, Francisco Fernández de la Cueva.
 

 Salón del trono. Debajo del escudo de armas del VIII duque, una jamuga, silla de tijera que se empleaba también para que las mujeres montaran a caballo.
 

Sala de damas. Al fondo, una tronera cortejadora.
 

 Aquí se ve muy bien el doble uso de la tronera cortejadora.
 

Delante del escudo de armas de Beltrán de la Cueva
 

 Desde esta torre cuadrada, la galería mudéjar y la Torre de Santo Domingo.
 

Tramo de la muralla, que se puede recorrer.
 

 En esta habitación nos explicó el guía de forma breve, la historia de los distintos personajes ligados a este castillo. Naturalmente, no faltó la más que posible paternidad de Beltrán de la Cueva respecto de Juana, llamada por ello "la beltraneja".
 

 La habitación del duque.
 
 
 Una de las salas está decorada con jaulas y aves exóticas, recordando que la posesión de estos animales era entonces un símbolo de estatus y riqueza.
 

 Sala de escudos, con el del primer duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, y el del rey Enrique IV de Castilla.
 

 Vista del Patio de Armas desde la galería.
 

 Bajamos hasta el patio por la Escalera Real..
 

 Galería renacentista
 

 En el Patio de Armas se llevan a cabo diferentes eventos, entre ellos la Feria de la Artesanía.
 

 Terminada la visitas vamos saliendo por la puerta que comunica con el patillo, junto a la Torre del Homenaje.
La dinastía de los Alburquerque ocupó este castillo durante generaciones, pero al trasladarse la corte a Madrid, perdió su esplendor. En los siglos XIX y XX fue cárcel, y durante la Guerra Civil se usó como sanatorio de tuberculosos.
Hoy día sus instalaciones albergan un instituto de enseñanza secundaria, una oficina de turismo, y la sede de la Fundación Casa de Alburquerque.
Actualmente el castillo es propiedad de Juan Miguel Osorio y Bertrán de Lis, XIX duque de Alburquerque. 
 

 Dentro del recinto amurallado,  frente al castillo, se encuentra la Iglesia de San Martín, construida en el siglo XII.
 
 
El ábside de San Martín, con una necrópolis medieval a sus pies. La iglesia y parte de esta plaza es ahora un centro de arte mudéjar.
 

 Puerta de San Martín, una de las entradas de la ciudadela. En los dos torreones están los escudos de la Casa  Alburquerquey Toledo, segundo duque. En el centro, el escudo de la villa.
 

 La misma puerta, por el otro lado.
 

Por esta calle encontramos la iglesia de San Esteban, otro tesoro del arte mudéjar.
 

Antes de entrar vimos unos enterramientos que hay a las puertas.
 
 
Puerta de entrada. Esta iglesia está construida  en la muralla de la ciudadela.
 

 Interior de la iglesia.
 

 El Altar Mayor. En la hornacina central superior, San Esteban; a los lados, San Lorenzo y San Geroncio; y en la hornacina central inferior, el Niño de la Bola, al que se le tiene mucha devoción en Cuéllar.
 
 

A los lados del altar, están estos sepulcros gótico-mudéjares del siglo XV, decorado con yeserías y arabescos, perteneciente a la familia Hinestrosa.
 

 Bajamos de nuevo a la calle, y nos recreamos en el magnífico ábside.
 

 Pasamos por calles muy, pero que muy empinadas hasta la Plaza Mayor.
 

 La Plaza Mayor tiene forma irregular. Al frente, el Ayuntamiento del siglo XV, sobre restos de una cárcel.
 

 Iglesia de San Miguel, en la Plaza Mayor
 




 Interior de la iglesia de San Miguel, patrón de Cuéllar.
 

 En la Plaza Mayor se pueden ver estas casas con un entramado de madera y adobe.
 

 Monumento a los encierros, uno de los principales atractivos de sus fiestas.
 

 Restos de la iglesia de San Pedro, donde ahora hay un local de hostelería.
 

 Iglesia de San Andrés.
 

 También fuimos al Santuario del Henar, a cinco kilómetros de Cuéllar. Está situado en un parque donde suele haber muchos puestos de comida y objetos religiosos, porque mucha gente viene aquí en peregrinación.
 


 
Interior del santuario. 
 
Y hasta aquí nuestra visita a esta villa medieval, pero hay que decir que nos fuimos a casa bien alimentados, ya que en la Plaza Mayor hay un bar que se llama La Taurina, donde comimos unos torreznos riquísimos, una ración de calamares descomunal y unas cervezas bien fresquitas que nos ayudaron a soportar el calor que hacía.