Se alza en un estrecho valle formado por los ríos Duratón y Fuentes, al norte de la provincia de Segovia, y su nombre significa"Señora de las Fuentes", por su riqueza en agua y manantiales. Anduvimos por tierras de Valladolid y de paso visitamos algunos pueblos segovianos que nos cogían relativamente cerca. En esta foto se puede ver claramente la disposición de la villa con sus murallas, y las ruinas de su castillo y de la Iglesia de San Martín en lo alto. En el centro, la iglesia de San Miguel.
Fue un importante señorío juridiscional, creado en 1443 por el rey D. Juan II de Castilla, a favor de su hijo natural Pedro de Luna y Manuel. Este es el palacio, del siglo XV, donde residía con su familia. Más tarde pasó a manos de los Montijo y, ahora, pertenece a la Casa de Alba. Actualmente está dedicado a hostelería y turismo.
Junto al palacio edificaron los Condes de Montijo una capilla (del Pilar), en el siglo XVIII.
En la muralla había tres entradas, y para empezar nuestra visita, lo hicimos por la Puerta del Palacio. Una señora muy amable salió a nuestro encuentro, encantada de poder explicarnos cosas de su pueblo.
Dejamos los muros de la capilla a la izquierda.
Vimos algunas casas con entramados de madera en su construcción.
La Plaza del Pueblo. De frente se puede ver un edificio que es la Casa de la Comunidad y Tierras, adosado a la muralla, que antiguamente fue cárcel del alfoz de Fuentidueña. A la derecha, el Ayuntamiento.
Como puede verse, la muralla forma parte de los muros de muchas casas. Una cosa que me llamó mucho la atención fueron los ventanales abiertos entre las piedras.
Desde estos ventanales se vigilaba el paso a través del puente medieval sobre el Duratón, que da acceso a la villa. Yo estaba encantada, porque hacía mucho calor, y aquí la temperatura era estupenda.
Ruinas del Hospital de la Magdalena, fundado en 1540 por Doña Mencía de Mendoza, esposa de Don Álvaro de Luna. Aquí se acogían a los pobres y enfermos de Fuentidueña y su alfoz. Los fallecidos recibían sepultura en la cercana iglesia de San Miguel.
Estuvo funcionando hasta 1853, en que se hizo cargo el estado. Luego sirvió de vivienda a varias familias hasta mediados del siglo XX.
Ábside de la iglesia. Fue ampliada en el siglo XVI con una capilla en el lado del evangelio, donde se encuentran enterrados D. Pedro de Luna y su esposa Ana de Viveros. Se puede ver en la fachada el escudo del linaje de los Luna.
Otra portada de la iglesia.
Cruces delante de la iglesia.
Necrópolis medieval en torno al ábside de la iglesia, con multitud de sepulturas, tanto de adultos como de bebés.
Frente a la iglesia de San Martín vemos el castillo, también en ruinas. A la derecha, la Puerta de Alfonso VIII o Trascastillo. Este rey pasaba largas temporadas en Fuentidueña.
Volvemos al pueblo y pasamos por la Puerta de la Calzada de los siglos XII y XIII. Daba acceso directo a la villa intramuros desde la zona del arrabal.
Dejando atrás la puerta, encontramos esta calle muy empinada con multitud de bodegas. En Fuentidueña hay muchas bodegas pertenecientes la mayoría a los habitantes del pueblo. No seguimos bajando porque hacía muchísimo calor, pero de haberlo hecho, habríamos llegado hasta el puente sobre el río.
Llegamos de nuevo a la plaza, y por la Puerta de Palacio salimos del recinto amurallado para coger el coche y regresar a tierras vallisoletanas. La señora que nos acompañó en alguna ocasión, no se explicaba que un sitio con tanta historia tuviera tan pocos visitantes, pero es que cuando uno visita lugares con tanta solera, agrade mucho poder tomar algo fresco en algún sitio, que fue misión imposible. Lo había abajo, en el río, pero solo de pensar en que luego tendríamos que subir toda la pendiente de la calle, nos disuadió.
Pertenece a la provincia de Valladolid y está situado a 758 m de altura en la comarca de Tierra de Pinares. Se divide en dos distritos: Portillo y Arrabal de Portillo. El primero se encuentra en lo alto de un cerro, y el segundo en la falda. Fue una villa amurallada, y conserva parte de ellas.
Subimos por una carretera con mucha pendiente, hasta llegar al Arco Grande o Postigo de Escuevas, una de las dos puertas de entrada a la muralla.
La puerta por la parte interior. Tiene cuatro metros de alto por tres de ancho, y está coronada por un matacán defensivo.
Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la Oficina de Turismo, pero estaba cerrada. ¡Qué desilusión! Ver el castillo era precisamente lo que nos había traído a Portillo y no iba a ser posible.
¿Quién dijo que no existían las casualidades? Estábamos viendo la fortaleza por su parte exterior. Sobre la puerta de entrada, una placa homenaje a Pío del Río Ortega, del que luego escribiré el porqué fue un personaje notable de este pueblo.
Entonces vimos llegar a un señor montado en una bicicleta, que abrió la puerta del castillo. Le dijimos, casi le imploramos que nos dejara echar un vistazo. El hombre venía a arreglar no sé qué de electricidad y nos dijo que mientras él estuviera allí, podíamos verlo.
Y entramos y lo estuvimos disfrutando, ya que había muchos carteles que nos ayudaron a entender lo que íbamos viendo. Esto era por donde se echaba a la gente... para que se pudrieran en ese agujero.
Arpillera cruciforme para ballesta.
Bajada a la Poterna, que era algo así como una salida discreta, sin tener que pasar por la puerta principal.
Un pozo de treinta metros de profundidad, al que se accede por una escalera de caracol de 132 escalones.
Torre del Homenaje, muy austera.
Cartel que explica la distribución de la Torre del Homenaje.
Muchas gracias a la persona que nos permitió echar un vistazo. Este castillo es del siglo XV, y pertenece actualmente a la Universidad de Valladolid. Fue también Prisión de Estado.
Mucho mejor explicado que yo lo pudiera hacer, dejo aquí la información sobre esta persona tan importante para Portillo. El castillo fue de su propiedad y lo donó a la Universidad de Valladolid.
En este bar nos tomamos unas cervezas. Es una antigua iglesia: la de San Juan Bautista, antigua parroquia de Portillo, del siglo XIII y reformada en el XVI y XVII.
Compramos zapatillas de Portillo para toda la familia. Unos mantecados con nombre propio, que están riquísimos. Si pasáis camino de Cuéllar, Portillo os saludará desde lo alto del cerro.
































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