Cualquiera que me conozca un poco, sabe que devoro la literatura referente a Juana I de Castilla, y lo que pienso de su "locura", así que tenía una asignatura pendiente con la visita a esta ciudad, tan llena de historia sobre este personaje, tan injustamente denostado. Y claro está, el objetivo de mi visita era el Real Monasterio de Santa Clara. Pero también entramos en las Casas del Tratado, recorrimos las calles de Tordesillas, nos tomamos unas cervezas en la Plaza Mayor y finalmente degustamos un espléndido asado de cordero en uno de los muchos restaurantes de la zona. Vamos allá.

Puerta de entrada al monasterio, uno de los mejores ejemplos de arte mudéjar en Castilla León. Se originó a partir de un palacio mudéjar llamado Pelea de Benimerin, mandado edificar por Alfonso XI de Castilla hacia 1340, y financiado con el botín de su victoria en la Batalla del Salado. Allí vivió también Leonor de Guzmán, favorita del rey. Su hijo Pedro I continuó las obras y, en 1363, lo cedió para convertirlo en un convento de monjas clarisas, por iniciativa de su hija Beatriz.
Con nuestros amigos Pepa y Pepe, en el patio, que sería en la antigüedad patio de armas.
Por esta puerta empezamos la visita. Una portada mudéjar, donde bajo la ventana de arcos lobulados hay un friso con dos llaves de cerámica verde a los lados, símbolo árabe que se identifica con la potestad de abrir y cerrar las puertas del cielo. Junto a las llaves, dos lápidas donde se describe la Batalla del Salado. Esta batalla permitió a la Corona de Castilla, el control del Estrecho de Gibraltar.
Tras la fachada de la foto anterior, se encuentra la Capilla Mudéjar, que fue en su origen un zaguán. Es de planta cuadrada con bóveda de crucería.
.Arcos polilobulados, lacerías, atauriques e inscripciones árabes. También hay pinturas murales góticas.
Patio Árabe. Pedro I trajo para la construcción del palacio, a los mejores alarifes de Granada y Sevilla. Es de planta cuadrada y porticado. Dos de sus crujías tienen arcos lobulados, y las otras dos muestran arcos de herradura. Adornos de yeserías con motivos vegetales y atauriques.
Los muros cuentan con un zócalo de alicatado añadido en una restauración posterior, mientras que el alero y la techumbre original son de madera policromada.
Del Patio Árabe pasamos a la Capilla Dorada.
La cúpula está cubierta por una techumbre semiesférica con nervios entrecruzados.
Arcos lobulados, apuntados y de herradura que recuerdan a la mezquita de Córdoba. Las arquerías ciegas se entrecruzan. Bajo este arco de herradura, se puede ver un calvario pintado al fresco. Esta parte es original del palacio edificado por Alfonso XI.
En esta capilla se exhiben algunas joyas artísticas y musicales, como este realejo, de la reina Juana I de Castilla. un órgano portátil del siglo XVI, que tuvo durante su confinamiento en Tordesillas.
Virginal de Hans Bos, datado en 1579.
Clavicordio del siglo XVIII
El refectorio es el comedor de las monjas. A la izquierda, un cuadro de La Última Cena, temática habitual en los refectorios.
El Claustro, en lo que fue el Patio del Vergel.
Suelo original en el claustro, empedrado de guijarros y cantos rodados.
Pasamos a lo que sería uno de los salones del palacio, que es ahora el oratorio o Antecoro.
Es una sala bastante espectacular y llama la atención los cristales originales de vidrio plomado. Hay diez hornacinas cerradas por vitrinas, en cuyo interior aparece una importante colección de esculturas de diferentes épocas.
Aquí también encontramos este archivo, con compartimentos en madera de pino. Al ser un real monasterio, las dotes de las monjas eran muy importantes. Nos fijamos en los huecos que hay a ras del suelo, y la guía nos explicó que eran gateras. Por entonces había muchos ratones que podían estropear el contenido de los cajones y se optó por tener gatos para disuadir a los roedores.
Coro Largo o Sala Capitular, donde se hallaba el antiguo Salón del Trono en el siglo XIV.
Capilla del Santísimo del siglo XV. La reja es del XVI, de madera policromada.
La reja está rematada por una viga con escenas de la Pasión de Cristo. En la pared abrió la guía una puerta secreta y pasamos por ella.
Tras la puerta nos fijamos en este arco.
Antiguamente era el pórtico de entrada al palacio, frente al Duero. La iglesia se hizo posteriormente y se adosó al edificio.
Iglesia. De una sola nave, siendo lo más llamativo la armadura mudéjar del presbiterio, cubierta con pan de oro y que nunca ha sido restaurada. Juana I de Castilla venía a oír misa y estuvo aquí enterrada hasta su traslado a Granada. Felipe el Hermoso permaneció también aquí pero in sepulto, y Carlos V organizó sus funerales hasta que fue llevado, junto a la reina, a la capital granadina.
La techumbre nos dejó sin palabras.
Sujetando la armadura se puede ver un friso con cuarenta y tres pinturas de Santos.
Arcosolios y escudos de la familia Saldaña
Tras esta reja románica, se encuentra la clausura.
A la salida de la iglesia, se puede ver el escudo de los Saldaña en la pared que da a su capilla.
Ahora nos dirigimos por este patio a los Baños Árabes.
En estos baños árabes se encuentra el escudo de Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI.
Las estrellas servían de respiraderos para que saliera el vapor acumulado.
Salimos del monasterio y encontramos por la calle diversas alusiones a Juana I de Castilla.
De camino a las Casas del Tratado, pasamos por la iglesia de San Antolín.
Son dos casas, pero esta es la más antigua, siglo XV, donde aparecen en la fachada el escudo de los Reyes Católicos, y los de los propietarios.
Esta es la otra casa, donde estaba la exposición y mucha información sobre el Tratado de Tordesillas.
En el año 1494, los delegados reales de España y Portugal se reunieron en esta ciudad, en las Casas del Tratado, para firmar el acuerdo de los dominios de ultramar. La primera vez que se pusieron fronteras a un océano.
Juan de la Cosa dibuja y firma su célebre mapamundi el año 1500, en el Puerto de Santa María, es decir, seis años después del tratado, y trazó la línea norte-sur del Tratado de Tordesillas.
Monumento a la reina Juana, delante de la iglesia de San Antolín.
La Plaza Mayor, con el Ayuntamiento.
Teníamos necesidad de unas cervezas, que la mañana había sido muy densa.
Y acabamos yéndonos a comer un asado, que estaba buenísimo. Mi Pepa, siempre guapa.
Doy fe de que repusimos fuerzas.
De camino al coche, encontramos el monumento al toro de lidia, una afición muy arraigada aquí.
Y con esta preciosa imagen, nos despedimos de Tordesillas.