17 de agosto de 2018

Mi casa, mi vida


Cuando ocurren tragedias como la de Génova o los últimos incendios, se producen situaciones que no solo atañen a la salud de los afectados. Por supuesto, lo más importante es salvar la vida, pero con frecuencia, cuando esos sucesos ocurren, hay personas que tienen que abandonar sus casas por peligro de derrumbe o porque se han quemado.


Imagino que cuando dan la orden de evacuar las viviendas hay que hacerlo a la carrera por la gravedad de los acontecimientos. Los pensamientos irán rápidamente a la importancia de las cosas que dejamos y que quizás no recuperemos nunca. Pero, ¿qué puede calificarse de importante en ese trance?
Nuestras casas no son únicamente un edificio. Son el refugio que un día creamos y que guarda recuerdos de toda una vida. Contiene una parte importante de lo que fuimos y de lo que somos, en cada habitación y en cada estantería. Recuerdos de amigos y familiares, testigos de tantos acontecimientos. Nuestros álbumes de fotos y nuestros libros, cada uno de ellos con su historia, que es la nuestra.
Cuando volvemos de viaje y abrimos la puerta, nos sentimos felices y descansados. "Casa de mi vida", acostumbraba a decir mi padre. Porque aunque lo hayamos pasado muy bien fuera, donde mejor nos sentimos es en casa, en nuestro sofá, que tiene hasta el hueco donde nos sentamos a leer, ver la televisión o charlar.
Y no se me ocurre poner como importante cosas materiales como dinero o joyas, que a la hora de la verdad creo que es lo de menos valor.
Si por una catástrofe me quedara sin casa, con ella se iría mi vida aunque no la hubiera perdido. Me pongo en el lugar de esas personas y pienso que tener que hacer borrón y cuenta nueva y empezar de nuevo, sería terrible.
Si yo me viera alguna vez en esas circunstancias, solo hay algo que me llevaría: mis álbumes de fotos, que son la crónica de los años que disfruté en ella.