Bienvenidos a El mirlo de papel

Soy Varech y ando por la Red desde hace un tiempo, lo cual me produce a veces quebraderos de cabeza aunque la mayoría de las ocasiones me satisface.

3 de diciembre de 2010

Viaje a París 1

En el mes de Agosto de este año, mi hermana y yo nos decidimos a irnos solas, sin maridos, a París. Era un viaje organizado que todos los años hacen en mi pueblo después de las fiestas, y tras mucho pensarlo nos liamos la manta a la cabeza y allá que nos fuimos.
Lo peor era el medio de transporte, porque un autobús como no sea muy confortable, convierte el viaje en una odisea, pero teníamos tantas ganas que no nos importó. Sólo decir que si vuelvo, que volveré, viajaré en avión.
Salí por la tarde en tren hacia Callosa, y al otro día, a las 11'30 emprendimos la marcha que habría de ser larga, incómoda, a veces desesperante y a veces divertida, hacia nuestro lugar de destino. Subimos hasta Zaragoza, luego Pamplona, y en Irun cambiaron los chóferes, ya que el trayecto era muy largo y creo que las normas así lo exigen.
Nos dijeron que el autobús era de última generación, pero a juzgar por los extras que llevaba (ninguno), yo calculo que como poco era de la del 27, jejejejeje................
La noche fue.................pues como se esperaba: baile de almohada de un lado a otro del cuello, cruces y descruces de piernas, que por más vueltas que les dábamos no nos cabían de tan estrecho que era el espacio entre los asientos. Culete a la derecha, culete a la izquierda............
Y cuando por fin lograbas algo parecido al sueño, entonces paraban porque tocaba hacer pis, que éramos muchos y más de la mitad en edades de próstatas difíciles y señoras alguna que otra ya con incontinencia. Otra de las razones de parar tan a menudo era por estirar las piernas, porque yo creo que se temían que cuando llegáramos a París, tuvieran que recogernos en sillas de ruedas de lo entumecidas que las íbamos a tener.
Y como todo llega, pues se hizo de día y desayunamos en Tours, ya muy cerca de París. Cuando digo cerca, quiero referirme a unas tres o cuatro horas, pero si llevábamos ya en el cuerpo veinte de autobús, lo que quedaba ya no era casi nada.
Llegamos a París a las 12 del mediodía.
Nos repartieron las habitaciones y ¡SORPRESA! La ventana daba al cementerio de Gentilly. Bueno, había que sacar el lado positivo de todo y pensamos que no nos molestarían los ruidos nocturnos.
El hotel estaba en la Puerta de Italia. París está rodeado por una periférica con distintas entradas llamadas puertas.
Nos aseamos un poco y comimos en el hotel bastante bien.
Tuvimos unos guías estupendos: Mario y Eva, que debieron de terminar de nosotros hasta el moño de tanta lata que les dimos.
Por la tarde, la primera visita fue a Los Inválidos, que era el antiguo hospital militar, donde se encuentra la tumba de Napoleón. Nos llevaron en autobús, nos pararon en la plaza y nos dijeron que teníamos diez minutos para estar allí. A mí me recordó el anuncio del micralax, pero a toda pastilla hicimos alguna foto por fuera, y al autobús otra vez


Aquí, posando aceleradísima. Así he salido de sofocada, pero no dió el tiempo para más. Con la cámara grabé cuatro cosas y por lo menos me acordaré de algo, porque fue visto y no visto. Por cierto, vaya ventolera que nos pilló.


Y de Los Inválidos nos llevaron a la Torre Eiffel, por el Campo de Marte. Aquí ya tuvimos mucho tiempo, aunque desistimos de subir por la gran cola que había.
Es una estructura de hierro diseñada por Gustave Eiffel para la Esposición Universal de 1889, en París.
Es el símbolo de Francia. Mide 325 metros contando la antena y consta de tres pisos: el primero a 57'63 metros, el segundo a 115'73 y el tercero a 276'13.
Estaba hasta los topes de gente y de policía por todos los lados.
Teníamos la intención de coger el metro en Trocadero, pero con tanta gente ni se veían las entradas, y tampoco pudimos coger taxis porque todos estaban ocupados. Así que nos fuímos en el de San Fernando (un ratito a pie y otro ratito andando)


¿Y por qué nos fuimos de allí tan rápido mi hermana y yo? Pensaba que en una excursión a París habría programada alguna visita al Louvre o al D'Orsay, pero no era así, según el guía, porque a la gente que iba no le interesaban esas cosas, así que como esa tarde era miércoles y cerraban a las diez de la noche, todo mi empeño era llegar a tiempo porque no quería venirme de París sin ver tres cosas del Louvre, además que no era imposible ya que las tres están muy próximas. Por supuesto no pretendía ver el museo en dos horas, pero sí que estaba decidida a ver esas obras en concreto.
Y nos fuimos andando por la orilla del Sena hasta el Louvre. Aquí estamos pasando por el puente de la Concordia. Aún nos quedaba bastante para llegar. A mi pobre hermana le pedí perdón en la noche, porque sé el esfuerzo tan grande que hizo con lo cansada que estaba.
Dedicaré una entrada a los puentes de París, que lo merecen.

Y llegamos al museo. Aquí la entrada para la posteridad. Entramos por la pirámide


El museo se divide en tres alas: al norte Richelieu al lado de la rue Rivoli, al este Sully con el Cour Carré, y al sur el ala Denon, que discurre al lado del Sena y es donde íbamos nosotras derechitas.
¡LO LOGRAMOS! Casi no podía verla por la gente que había, pero la tenía allí, super protegida tras un cristal cuyo brillo estorbaba lo suyo para hacer las fotos. La Gioconda, de Leonardo da Vincci es uno de los cuadros más misteriosos del mundo. ¡Vaya pelos que llevo! Pero 24 horas de autobús y una maratón, hacen estragos.

Otra de las joyas que quería ver era la Venus de Milo. Ese pequeño giro del cuerpo proporciona una gran delicadeza a la escultura, además de que es bellísima.
No es muy buena la foto, pero está hecha con la cámara de video y no tienen la misma calidad de las otras.


Y la última de las joyas que vimos, fue La Victoria de Samotracia. Una escultura con un movimiento de telas y alas, que se sale de la piedra. Además de ser impresionante, el sitio donde está ubicada es ideal, ya que al subir la escalera, la ves, allá arriba, como una majestuosa aparición.
El palacio del Louvre se halla en la margen derecha del Sena. Fue residencia real hasta que Luis XIV se trasladó a Versalles.
Es un complejo de pabellones. La controvertida pirámide la hizo Ieoh Ming Pei.
La foto no es mía porque mi cámara falló y salió mal con la de video.
Entre el Museo del Louvre y el Jardín de las Tullerías se encuentra el Arco del Carrusel, mandado construir por Napoleón Bonaparte.
Desde el arco se ve: las Tullerías, el obelisco de la Plaza de la Concordia, los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo.
Esta foto pertenece a Nicolas von Kospoth.
A la salida, ya anochecido, me caí todo lo larga que soy en la puerta del museo, y llevo de recuerdo en el reloj, el cacharrazo le le dí.
Como ya era tarde, nos dispusimos a buscar un sitio donde tomar algo, pero a las diez de la noche, en París la gente ha cenado ya y nosotras nos dirigimos entonces a una de las muchísimas cafeterías que hay por toda la ciudad. Cafeterías, cuya disposición de las sillas es muy particular, al estar muy juntas y todas mirando hacia la calle, como si esperaran ver pasar por allí un desfile. Según dicen ellos "El espectáculo está en la calle".
Bueno, pues me fui con mi hermana a una que hay cerca del museo, y nos sentamos. Ella se levantó "a ver lo que había en la barra dentro", y salió despavorida, señalando a un señor que venía detrás. Me decía toda nerviosa que le explica al hombre que sólo queríamos cenar. Se lo dije, y el señor muy amablemente llamó a un garçon para que nos atendiera. A todo ésto mi hermana intentando contarme lo que le había pasado dentro de la cafetería. Según ella, tres hombres le hacían indicaciones para que subiera por una escalera y la miraban con ojos libidinosos, por lo que salió disparada de allí. Yo me partía de risa.
Entonces llegó el garçon y le dije que queríamos unos sanwiches, pero mi hermana, que es lo más difícil que yo he visto en cuestión de gustos de comida, empezó a especular con el tipo de queso que le iban a poner, tanto, que el garçon, por cierto muy enjuto él, se largó aburrido y nos dejó allí, momento que aprovechamos para irnos a toda prisa. Además, se habían sentado a nuestro lado otras personas y apenas nos podíamos mover, pegaditas unas con otras. Prefiero las cafeterías españolas.

En la puerta del museo nos fue fácil coger un taxi que nos devolviera al hotel. Vimos que curiosamente todos llevan en el asiento de delante una maleta para no montara a nadie en él.
Sólo pueden subir tres personas por taxi. Y hay muy pocos para lo que es París.
Llegamos al hotel, nos comimos un croque-monsieur, y nos fuimos a la cama no sin antes darle las buenas noches a todos los que teníamos al otro lado de la ventana.

2 de diciembre de 2010

Arbolito de Navidad con chupachups


Lo encontré por la red y no me pude resistir. Son quince maderitas. Las dos primeras se ponen en cruz, y así sucesivamente, cuidando de no montar unas encima de otras, para que pasen bien los palos de los chupachups entre ellas sin tropezar.
La más pequeña la he cortado de ocho centímetros, luego dos de once, dos de catorce, dos de diecisiete, y así hasta las quince. Tres centímetros de diferencia cada dos maderitas.
Después se hace con la broca un agujero central en cada una, y otro a dos centímetros del borde.
Se pintan, se "planta" la guía y se pasan hasta finalizar en una estrellita dorada. Luego se ponen los chupachups.
A mis nietos les ha encantado, pero les he dicho que no son de verdad para que no se los coman.

29 de noviembre de 2010

El Madrid de Luis I y Fernando VI

Fernando VI

Bárbara de Braganza

Luis I



Tras la abdicación de Felipe V le sucedió su hijo Luis I, primogénito de su matrimonio con Mª Luisa Gabriela de Saboya, y fue jurado Príncipe de Asturias en los Jerónimos.
Se casó con Luisa Isabel de Orleans, a la temprana edad de quince años. Ella tenía doce y no era muy querida por los españoles por sus extravagancias (¿No sería que era una niña?), pero sin embargo le cuidó con gran esmero cuando éste enfermó de viruelas, contagiándose ella también.
Su reinado no tuvo ninguna repercusión, ya que se dedicaba a dar fiestas, gobernándose el país desde la Corte paralela que tenía su padre en la Granja.
Murió a los diecisiete años, sin descendencia, volviendo su mujer a Francia.
Retoma Felipe V las riendas del gobierno, abdicando al poco tiempo en otro de sus hijos.

Fernando VI, tercer hijo de Felipe V y de Mª Luisa Gabriela de Saboya, muerta a los cinco meses después de que le trajera al mundo.
Tanto él como su hermano Luis, vivieron muy unidos, ya que su madrastra, Isabel de Farnesio, maquinaba constantemente fechorías para obstaculizar que fueran coronados reyes. Tanto es así, que convenció a su marido para que no preparara a Fernando militarmente, con la excusa de que era enfermizo y moriría pronto.
La profunda unión que tenía con su hermano, hizo que sufriera mucho con su temprana muerte, y se volvió hipocondríaco.
Isabel de Farnesio eligió para Fernando la mujer con la que debía contraer matrimonio: Bárbara de Braganza, que era fea, gorda y comilona, pero muy culta. La reina hizo la vida imposible al nuevo matrimonio, por lo que al morir Felipe V, el nuevo rey la desterró al palacio de La Granja.
De carácter débil, vivió dominado por las mujeres: primero su madrastra, y luego su mujer, que era de armas tomar.
Su reinado fue tranquilo y sin conflictos, muy fructífero para Madrid. Comenzará muchas cosas que posteriormente las llevará a su fin su hermano de padre, Carlos III.
Es un periodo de transición: los austríacos siguen reivindicando el trono de España, pero él se mantiene al margen. Fue formado en las ideas de la Ilustración. Le ayudó en su gobierno el Marqués de la Ensenada ,y dirigió junto con él la política del país.
Adoptó medidas que posibilitaron la penetración de la Ilustración. Fundó la Academia de las Artes de San Fernando.
Se creó el arsenal; se levantó un censo catastral "el censo de Ensenada"; se comienzan a explotar minas nuevas, por parte de los extranjeros; se crearon depósitos de abastecimientos nuevos: depósito de la calle Alcalá (manzana del Palacio de Linares); se organizaron las redes viarias y se pusieron mojones para la numeración; se ponen carteles y letreros a las carreteras; se facilitan los caminos con la capital; se crea el Gabinete de Historia Natural, y el Colegio de san Fernando, que luego se llamará de San Ildefonso; se pavimentan las calles con lascas sencillas; se prohíbe que los animales anden sueltos por la calle; se construye la primera plaza de toros de Madrid, muy cerca del Palacio de Linares, y es cuadrangular, pues la redonda no llegará hasta Carlos III, que tenia una concepción de las plazas de toros parecida a los circos romanos; se levantó la primera planimetría de Madrid: 7049 casas agrupadas en 557 manzanas (se numeraba por manzanas).
Madrid tenía entonces 140.000 habitantes.
Se creó el conjunto de las Salesas Reales, fundado por Bárbara de Braganza, que comprende el Palacia de Dña. Bárbara, el convento y la Iglesia de Sta. Bárbara. Menos la Iglesia, lo demás pertenece ahora al Ministerio de Justicia. Es de estilo rococó y aquí están enterrados Bárbara de Braganza y Fernando VI, que se profesaban un gran amor.
Se levantó el Botánico de Migas Calientes, primer jardín botánico que tiene Madrid y estaba en los viveros de la Villa, cerca del parqe sindical Puerta de Hierrro; se tapia El Pardo, que era más amplio que ahora, y la puerta que daba acceso a esta finca es la conocida como Puerta de Hierro: se levantan las escuelas de San Antón y la Iglesia de San Marcos.
Basílica de San Francisco el Grande, que rivaliza e medidas con la de San Pedro y San Pablo, en Roma. Es de estilo barroco y la hizo un arquitecto franciscano. La construcción de la cúpula creó problemas que finalmente resolvió Sabattini. Tiene una planta insólita, única en Madrid.
Se hace la Iglesia de San Miguel, el Museo Municipal, el Cuartel del Conde Duque, el Puente de Toledo, la fuente de la Fama, la Puerta de Alcalá, la Casa de las 7 chimeneas, el Palacio de los Duques del Infantado, el Palacio de Buena Vista (actual Cuartel General del Ejército), el de Medinaceli (hotel Palas), Palacio de los Duques de Abrantes (Instituto Italiano), Palacio de Villharmosa (Museo Thyssen), Palacio de Ugena (Cámara de Comercio), Casa de la Aduana (Ministerio de Hacienda), Museo del Prado, Jardín Botánico, Observatorio Astronómico, Iglesia de Caballero de Gracia, Palacio Real y algunas cosas más.
Al morir su esposa se sumió en una profunda tristeza que le provocó la locura y se recluyó en Villaviciosa de Odón, en Madrid.
Mientras, Isabel de Farnesio lo preparó todo para que su hijo Carlos III viniera a España como rey, y hasta ese momento, ella fue la regente.
Fernando VI y Bárbara de Braganza no tuvieron descendencia.




28 de noviembre de 2010

Segundo día en París


Hoy hemos decidido pasar la mañana tranquila, andar el mayor tiempo posible, y nuestro itinerario promete.
Cogemos la línea nº 7 del metro y enseguida estamos a los pies de las Galerías Lafayette, en el Boulevard Haussmann. Naturalmente vamos directos a ver la cúpula, que nos deja atónitos por su belleza. Tiene 33 metros de altura, y es un conjunto de vidrieras de colores sobre una armadura metálica. Se construyó en 1912. El conjunto de toda la sala es espectacular.

Seguidamente nos dirigimos a la Ópera Garnier. Este palacio fue inaugurado el 5 de enero de 1875, y ha sido el lugar de las representaciones operísticas hasta la construcción del nuevo edificio en la Plaza de la Bastilla. Aquí continúan las funciones de ballet y la Academia Nacional de Música, así como una biblioteca-museo.
Fue ordenado construir por Napoleón III a Charles Garnier. Eugenia de Montijo, mujer del emperador, preguntó al arquitecto cuál era el estilo del edificio, y éste le contestó: "Estilo Napoleón, Señora".
Tiene una superficie de 11.000 metros cuadrados, una capacidad en la sala para 2.200 espectadores y un escenario capaz para 450 artistas.
Entre los arcos, hay bustos en bronce de compositores famosos, y ambos lados, esculturas alegóricas a las artes escénicas.
Napoleón murió antes de su inauguración.

En la parte superior, el emperador quiso que sus iniciales y las de su esposa, figuraran en la fachada principal. N de Napoleón y E de Eugenia.

Subimos por la gran escalera, de mármoles de diferentes colores. Realmente impresionante.

Entrada al anfiteatro, la bóveda de la orquesta y a unos palcos conocidos como "bañeras", que se encontraban en un nivel inferior, ocupados por gente que no quería ser vista.

La escalera desde otro ángulo. Los candelabros de bronce son magníficos.

Mi Antonio con su Panamá.

El Salón Glaciar, también llamado des foyers, donde la nobleza parisina salía en los descansos de las representaciones, para lucir sus galas. Todos querían ver y ser vistos.
Me recuerda mucho al Salón de los Espejos de Versalles. A la izquierda se puede ver un busto de Charles Garnier. Las ventanas dan a la Plaza de la Ópera.

Falsas chimeneas en los extremos del Salón Glaciar.

Mi Antonio en uno de los balcones. Al fondo, la Avenida de la Ópera que en pocos minutos une este palacio con el Louvre. Esta avenida no tiene un solo árbol, porque Napoleón estaba obsesionado con la idea de sufrir un atentado, y no quería que alguien pudiera dispararle desde cualquier inmueble, protegido por las ramas de los árboles.

Uno de los dos salones de las rotondas donde termina el Salón Glaciar.

Es tan bonito, que lo vuelvo a poner.

Desde el salón de la rotonda, mi Antonio no puede pasar sin fotografiar este abridor de puerta. Son su manía fotográfica.

Y llegamos al teatro propiamente dicho. Una sala en rojo y dorado, con una gran araña central que pesa más de seis toneladas, fijada al techo pintado en 1964 por Marc Chagall. Esta pintura causó mucha controversia, ya que se decía que rompía el clasicismo de la sala.
A mí me encanta.

Aquí se pueden ver bien los palcos.

En esta foto se ve mejor el techo.
El telón del escenario es un lienzo pintado.

Anexa al teatro, hay una tienda donde se venden muchos artículos de ballet.

Esculturas alegóricas a las artes escénicas.
Dejamos atrás el Palacio Garnier, cuyo lago hallado en el subsuelo por el arquitecto, fue el origen de "El fantasma de la Ópera".

Por la Rue de la Paix (aquella que yo cantaba de pequeña: "ahora luzco yo, joyas y vestidos de la rí la Pé" jajajajaja...), llegamos hasta la Place Vendôme, llamada así por el hotel que había con este nombre en el siglo XVII.
El lujo en estado puro. Yo, indecisa.

La Columna Vendôme, imitación de la de Trajano en Roma. De 44 metros de altura, fue construída para conmemorar la victoria de Napoleón Bonaparte en la Batalla de Austerlitz, y está forrada con una chapa de bronce de los cañones enemigos. La estatua del emperador la puso coronando la columna, su sobrino Napoleón III.

Una vista de la plaza, con el Ministerio de Justicia de París.

Queremos ir a la Madeleine, y nos encontramos con esta iglesia, que se llama Nuestra Señora de la Asunción, y que es la iglesia polaca de París.

Y aquí tenemos la Madeleine, con aspecto de templo griego.

Desde las escaleras, podemos ver justo enfrente, el edificio de la Asamblea Nacional, el obelisco de la Plaza de la Concordia, y la cúpula de los Inválidos.

Efectivamente parece un templo griego.

Una toma preciosa de mi Antonio, de la entrada del templo.

Me encanta esta iglesia, con las cintas blancas cayendo por el Altar Mayor.

Y por la Rue Saint Honoré, llegamos al apartamento. Vamos a comer algo y nos vamos al Louvre.

Entramos por El Carroussel en la Rue Rívoli, y tras las tiendas, nos encontramos ya con la pirámide invertida, famosa entre otras cosas, por la novela "El Código da Vinci".

Aquí se ve mejor.

Estamos en el vestíbulo del museo, debajo de la pirámide. Voy a sacar las entradas. Vamos directos al ala Denon, porque las cosas que queremos ver (no tenemos mucho tiempo), están aquí.

Esta es mi preferida: La Victoria Alada de Samotracia.

Por este lado dan ganas de tocarle "la ropa".

Mi Antonio en una de las galerías.

Con las ganas que tengo de fotografiarme con La Gioconda, y siempre salgo fatal. ¿Por qué tengo un ojo más grande que otro? Misteriossssssssss......................

Frente a La Gioconda, Las Bodas de Canán, de Veronés, un cuadro enorme, en el que se puede tirar uno mucho tiempo, cosa que nosotros no teníamos.

Y aquí mi otra "chica": La Venus de Milo. Por fin tengo una foto con ella. Delicadísima de formas y de postura. Una delicia contemplarla.

Ahora por este lado.

Diana Cazadora.

La Sala de las Cariátides.

Bueno, pues después de ver también mucho arte africano (que no pongo aquí, porque lo guardo para el Branly), nos salimos del museo.

El vestíbulo.


Ahora nos vamos a dar un paseo en los Bateaux Mouches. Es tan precioso, que lo voy a explicar en otra entrada. Las vistas del París nocturno, lo merecen.

Ya hemos vuelto y me volvería a subir otra vez al barco. ¡Qué bonito!
Antes de llegar a casa pasamos por la Plaza del Louvre, y mi Antonio se pone las botas haciendo más fotos.





Por el arco se ve el Hotel del Louvre iluminado.
¡Antonio, venga, vámonos!!!!!!! Mañana tenemos otro día muy completo de visitas y fotos.
Ahora, a cenar y a dormir.
¡Hasta mañana!