El castillo.

Otro rincón. Obsérvese la altura que hay ya con respecto al campo que se ve abajo.

Plaza del Ayuntamiento.
Por
la noche, con bastante frío, a mi Antonio se le ocurrió que nos
fuésemos frente al parador a fotografiar de lejos todo el conjunto
iluminado. Estaba precioso.

Como
no queríamos salir tarde, a las nueve nos fuimos a desayunar y no
encontramos ninguna cafetería abierta. Nos dijeron que hasta las diez no
abrían, por descansar de la noche, aunque no vi ninguna movida por
ningún sitio y a las diez no había ya nadie en la calle. Misterios.
Total,
que encontramos al final una que estaba abriendo, donde la tarde
anterior habíamos tomado unos cafés, y una muchacha simpatiquísima nos
atendió. Le hago publicidad porque es lo único que encontré que me
gustara: se llama Puig y está en la Plaza antes de las escaleras.
Y
camino de Orense, paramos unos kilómetros antes y recorrimos Allariz, un
pueblecito precioso, con un barrio judío digno de conocerse.

La Iglesia de San Benito.

Aquí
ya eñmpezamos a ver cruceiros. Detrás el Convento de Santa Clara. Tanto
la iglesia como el convento, están situados en el Campo da Barreira,
que es donde dejamos el coche aparcado.

Una encrucijada del barrio judío.

Detrás
de una iglesia nos encontramos con este monumento al toro, y según leí,
tiene una historia: en las celebraciones del Corpus, los judíos
atacaban a los que procesionaban y se mofaban de ellos, así que un noble
salió a lomos de un buey, llevando sus criados sacos de ceniza y
piedras para arrojar a los judíos cuando los encontraran, y así lograron
que ya no les molestaran. Desde entonces se celebra la fiesta del toro.
Bajamos hasta el río y las vistas eran muy bonitas.

Al lado del río había un water, que me causó una gran sorpresa, porque
está en el mismo paseo, y digo yo que intimidad no tenía mucha el sitio.

El pueblo tiene unos rincones preciosos.

Y nos despedimos de Allariz, siguiendo nuestro camino hacia las Rias Bajas.