Bienvenidos a El mirlo de papel

Soy Varech y ando por la Red desde hace un tiempo, lo cual me produce a veces quebraderos de cabeza aunque la mayoría de las ocasiones me satisface.

21 de enero de 2011

Madre mía, en qué manos estamos!


Con el tema de los pinganillos de los señores senadores (en minúscula, porque no me merecen ningún respeto), estoy que me subo por las paredes, ya que si esos personajes son los que tienen que velar por mi bienestar, por mi seguridad o por mi vida incluso, Dios me libre de semejantes zoquetes palurdos catetos (sin comas, porque es un calificativo conjunto).
Manda huevos, ovarios o cojones (a gusto del consumidor), que estando el resto de los españoles con el cinturón ya en el último agujero, estos mamarrachos (vuelvo a decirlo por si no ha quedado claro, mamarrachos), se dediquen a dilapidar el dinero de mis impuestos en jugar a los "gualkitalkis" como si tuvieran diez años, sin ocuparse de las cosas verdaderamente importantes que nos pasan a los habitantes de las comunidades que representan.
Y todavía dicen que el gasto es insignificante. Lo que tenemos que aguantar. Y nadie nos sublevamos ante todas estos atropellos, dejamos que hagan y deshagan, que nos arruinen, que nos manden al culo de Europa, que seamos el hazmerreír del mundo con estas decisiones.
Una ley tras otra más inverosímil y estrafalaria que la anterior.
Estoy esperando que la Pajín, que está encantada con la decisión de los senadores, nos diga que los lunes tenemos que comer fabada, los martes pan tumaca y escudella, los miércoles bacalao al pil pil, los jueves cocido (bueno, cocido no, que Madrid no les gusta). Vale, los jueves migas extremeñas, los viernes pescaíto frito, los sábados lacón con grelos y los domingos papas con mojo picón. Al que coma paella, se le multa.
Podremos denunciar a los vecinos que se salten esta dieta autónomo-saludable, para seguir propiciando el entendimiento entre las distintas regiones españolas.
¿Que es un disparate lo que estoy diciendo? Todo se andará. Si nos hubieran dicho hace unos años que íbamos a ver en el Senado a los señores senadores con un pinganillo, nos habría parecido ciencia-ficción, pero al precio que está la bajada de pantalones, muchas más cosas vendrán que nos sorprenderán, o no.
A propósito, ¿Cómo se llama el líder de la oposición? O mejor aún ¿Hay oposición?
Espero que los representados por los señores de la foto, sientan la suficiente vergüenza como para no volverlos a votar.
¡Váyanse a sus casas y dejen que tomen las decisiones personas a las que verdaderamente les importe aunque sea un comino (ya sería algo) España.

Crucero por el Báltico: Entrada a Estocolmo

He dividido la escala de Estocolmo en dos, porque hay muchísimas fotos y me es muy difícil decidir cuáles poner.

http://elmirlodepapel.blogspot.com/2010/09/crucero-baltico-entrada-estocolmo.html

Espero que disfrutéis con esos paisajes tan maravillosos, además sin pasar el frío que yo pasé, como se puede ver en la imagen

17 de enero de 2011

Operación sueño

¡Vaya un tostón de programa!
He visto todas las ediciones de OT y más o menos me han gustado, pero la que ha empezado esta noche ha sido soporífera por todos lados. Sólo salvo al jurado, en particular a Eva, porque Argenta estuvo pesao, pesao, y Noemí en plan mujer del saco, pero aparte de la buena noticia de que el de las gafas ya no está, creo que han sido bastante justos, y aún sin querer, los protagonistas de la noche, ya que los concursantes parecía que se acababan de levantar todos de la siesta. Vaya muermos.
Cómo he echado de menos a Jesús Vázquez, con su manera tan natural de presentar el programa, y cómo me he hartado de ver sobreactuar en plan soy maravillosa, a Pilar Rubio. ¿Por qué grita tanto esta chica y por qué gesticula tanto?
Los participantes son aburridísimos y desafinan muchísimo. Y lo de Geno no lo entiendo. Han pasado los años y no creo que esté en las mismas condiciones físicas que cuando se presentó por primera vez. Si me equivoco me alegraré porque me caía bien, aunque cuando la anunciaron se quedó el público tan pancho porque nadie se acordaba de ella, y es que son la mayoría muy jóvenes, y hace diez años estaban estaban aún con los madelman y la señorita pepis.
Por cierto, Pilar le ha advertido a la última concursante que no dijera en la academia el nombre de la persona rescatada de la primera edición, y ha sido ella, en plena conexión con Nina, la que lo ha soltado: "Vamos a ver a Geno entrar en la academia" Y la Galera la quería confundir con la mirada.
Y otra cosa: ¿Qué necesidad hay por subir la audiencia, de jugar con las ilusiones de los chavales que ya están con un pie metidos en el concurso, de llevarles a esa tensión nerviosa para luego eliminarlos? Que lo hagan antes, y presenten ya con toda la alegría del mundo a los elegidos.
Por no hablar de los cortes publicitarios. Tropecientas veces han parado y además bastantes minutos cada vez, con lo que el programa se ha hecho tan eterno, que daba tiempo a echar un sueño entre conexión y conexión.
¿Y el detalle de meter una chica ciega? Puro morbo muy estilo telecinco. Pues claro que puede cantar, pero no podrá seguir las coreografías por mucho que se empeñen.
No sé si se nota que no me ha gustado nada la presentación de OT.
Espero que el próximo día, Pilar Rubio se tome un lexatín, por el bien de la audiencia.
A la que he echado de menos también ha sido a Belén Esteban. No sé cómo telecinco ha dejado pasar esta oportunidad de subir la audiencia. Habría estado muy bien donde la hubieran puesto, incluso de presentadora. De jurado tampoco lo habría hecho mal dados los conocimientos que tiene de todo esta gallina ponedora de huevos de oro.
¿Y si la hubieran elegido para educarla en la academia y de paso se la pasaban un poco pulida a su pigmalión? Lo malo sería cuando se atrevieran a nominarla, que seguramente expulsarían a la persona que osara perpetrar semejante atropello.
Pues nada, como la audiencia se prevé desastrosa dado el inicio del evento, que se piensen en meter a la princesa del pueblo para darle un tirón al programa.
Con todos ustedes... ¡BELÉN ESTEBAN!

16 de enero de 2011

Villefranche


El barco atracó en Villefranche, pero el objetivo de los cruceristas suele ser Mónaco o Niza. Nosotros habíamos pensado ir a Mónaco.
Es el segundo país más pequeño, detrás del Vaticano, y está situado en la Riviera Francesa. Tiene 1'95 kilómetros cuadrados y no es miembro de la Unión Europea aunque tenga el euro como moneda.
Se cree que su nombre deriva del que le puso la colonia de griegos que vivía en Marsella, Monoikos, en el siglo VI a C. Habían construído allí un templo, el de Herakles Monoikos.
A lo largo de su historia, ha estado bajo el dominio de varios pueblos.
Mónaco se divide en varios distritos, pero los principales son Mónaco, donde está el Palacio Real, la Catedral de San Nicolás, el Museo Oceanográfico y el Antropológico, además de los edificios de la administración pública. La Condomina, parte central, muy comercial, con el puerto grande. Montecarlo, llamado así en honor del príncipe Carlos III,donde se encuentra el Casino, grandes hoteles, tiendas de lujo y la Ópera de Mónaco. Anteriormente se llamaba Les Spélugues.
Por el tratado Franco-Monegasco de 1861, ayudó Francia a que pasara el ferrocarril por territorio monegasco (dos estaciones). En 1868 se inaugura el trayecto Niza-Ventimiglia.
Carlos III dedicó su vida a reconstruir y modernizar el país, y se inició una profunda reconversión industrial y empresarial. Entendió que la aristocracia decadente y la burguesía floreciente necesitaban un lugar donde mostrar su poder adquisitivo. Fundó "La Sociedad de los Baños de Mar", cuyos miembros crearon entre otros edificios, el Casino. Tuvo tal éxito, que en 1869 Carlos III eliminó los impuestos de bienes personales e inmobiliarios.
Mónaco es una monarquía hereditaria, gracias a la reforma de la Constitución que llevó a cabo Rainiero III.
No voy a escribir aquí nada sobre el príncipe y las "principesas", porque ya salen bastante en las revistas.
Y vamos a la excursión que es lo que más importa:

La noche anterior decidimos que si hacía malo no bajaríamos, o a lo sumo daríamos una vuelta por Villefranche para ver el pueblo, que desde el barco se nos antojó precioso y casi teníamos más ganas de meternos por sus callejuelas, que de irnos a ver el glamouroso Mónaco. Como todos los pueblos cercanos, estaba instalado en una cornisa que imponía respeto.
Aquí sopesando pros y contras de coger la lancha para desembarcar. Parecía que escampaba.

Y por fin nos liamos la manta a la cabeza (ojalá nos hubiéramos traido una) y nos fuimos en una lancha desde el barco hasta el puerto. Otra vez se empezó a cubrir el cielo.
Nos fuimos derechos a la estación de trenes y en el trayecto tuvimos vistas dignas de recordar, como nuestro barco fondeado en la bahía.
Tenía este pueblecito unas casas y unos rincones muy agradecidos para la cámara, por lo que pensamos volver pronto y poder verlo con detenimiento.
Aquí ya se ve la estación. Las escaleritas están por donde las flores fuxia. El cartel lo han puesto para despistar, porque como no ande uno listo se lo pasa tranquilamente.¡Vaya una estación más chunga! Pues no entiendo yo que estando en la Costa Azul, con Niza y Mónaco a tiro de piedra, tengan estas instalaciones tan cutres. Sacamos ida y vuelta y validamos los tickets en las máquinas amarillas que hay en el andén. La jefa de estación nos hizo mucha gracia, pero no quisimos ser indiscretos sacándole una foto. Y el tren llegó, y anduvo y anduvo.............más lento que una tortuga. Nos dijeron que había estado lloviendo toda la noche y las condiciones de la via no eran las mejores. A veces daba vértigo mirar por la ventanilla.
Llegamos a Mónaco y yo tenía claro la salida que tenía que coger: la del ventanal, que lleva a la Avenida Principe Pierre, cerca de la Plaza de Armas. Si se sale aquí, hay que bajar la calle y para subir al palacio optar por las escaleras o la rampa. Una vez arriba, se puede visitar también la Catedral y el Museo Oceanográfico, desde donde sale un trenecito que pasea por toda la ciudad, y termina su recorrido en el mismo sitio. No se puede bajar o subir en otro lugar que no sea delante del Museo.
Pero mi Antonio se empeñó en seguir a una señora, que según él estaba muy segura de por dónde iba, y allá que nos fuimos detrás de ella..............hasta la salida por Santa Devota. Ni más ni menos, que al lado ya de la rampa del circuito que sube hacia el casino. Vamos, al otro lado.

Como sólo pudimos ver esta parte, dejo alguna foto de donde NO estuvimos, por si a alguien le apetece verlas.
El escudo de Mónaco tiene dos monjes, porque Francisco Grimaldi se introdujo en la fortaleza junto con sus soldados. Los guardianes al verles así disfrazados les permitieron la entrada pensando que iban a algún acto religioso, y una vez dentro se hicieron con el poder. Los Grimaldi tomaron posesión del principado en 1297.

La Catedral de San Nicolás construída en 1875, y donde se encuentran las tumbas de RainieroIII y Gracia de Mónaco. La visita es gratuita. ¡Qué envidia de cielo tan azul!

El Museo Oceanográfico, inaugurado en 1950 en un acantilado de a 85 metros sobre el nivel del mar. Jacques Cousteau fue su director durante muchos años. Qué recochineo de cielo azul. Grrrrrrrr...............

El Palacio Real, construído en 1215 por los genoveses cuando dominaban Mónaco. Aquí viven los príncipes.

Y volvemos a la realidad. O sea, a las nubes y al frío. Al salir por Santa Devota (un inciso para decir que hay un ascensor junto a la puerta y que se puede subir a la parte alta sin chuparse la rampa), empezamos a ver ya la parafernalia que quedaba todavía del domingo anterior, que se celebró el Gran Premio de Fórmula 1.
El primer Grand Prix automovilístico tuvo lugar en 1929 y el primer Rally de Montecarlo en 1911.
En este letrero se pueden ver también los indicadores que ayudan a encontrar algunos hoteles. Lo pongo por si alguno se despista y no encuentra el suyo.
Conforme subíamos, las vistas de la ciudad eran más bonitas. Aquí se ve la Condomine, que debe su nombre a un explorador francés. Al fondo, a la izquierda, la fortaleza.
Un puerto con buenos yates, pero tampoco era la cosa para tanto. Al fondo, a la derecha, siguen las murallas.

Un coqueto jardín sobre la ciudad. Todo ésto es ya Montecarlo.
Seguimos subiendo y a la izquierda comienzan las tiendas de prestigiosas marcas y los grandes hoteles. Aquí arriba se ve El Hermitage..................y el nubarrón.
Ya con el lateral del Casino a la vista, tenemos a la izquierda el final de las tiendas. Parecián cuevecitas, pero si.........si.......
Al llegar a la plaza del Casino, nos sorprendimos con la majestuosidad del Hotel de Paris, creado por el grupo "La Sociedad de los Baños de Mar", al igual que el Casino.
A la derecha de la plaza, El café de París. Tampoco estaba mal por dentro.
Y aquí tenemos el famoso Casino. Inaugurado en 1863, lo construyó Garnier ( Ópera de París) a instancia del príncipe Carlos III de Mónaco, como medio para superar la crisis económica que produjo en el país la cesión de algunos territorios a Francia. Cuentan que se producían unos 200 suicidios al año, y sepultaba a los muertos con un número en "El campo infernal". La Sociedad de los Baños de Mar reservaba un fondo para trasladar a sus respectivos países a los suicidas. Tras el Casino se encuentra la Ópera de Mónaco.
A las puertas del Casino vimos lujosos coches, y empezó a chispear...........¡Cachis en la mar!......Y todo fueron ya carreras porque el chispeo dio paso al jarreo y bastante teníamos con proteger las cámaras de la lluvia. Nos metimos en el Café de París mientras esperábamos que parara (vano intento), y al final nos decidimos a abrir el paraguas y salir corriendo. Y qué pena correr por la calle de las tiendas guays, que a mí me habría encantado ver los escaparates.
Bueno, ¿Qué hacemos? ¿Vamos hacia el Palacio? Cuando quieran los Grimaldi les invitamos a comer a casa y que nos conozcan, que hoy no está el día de visitas.........¡Ahhhhhhh! Que se me da la vuelta el paraguas con el viento. Juerrrrrr, qué frío y yo con una chaquetita de nada, y llevo los pies helados, que en un alarde de confianza meteorológica me he venido con sandalias, y mi Antonio de manga corta. ¡Rápido, al tren!!!!!!!!
En la estación, ésta ya sin nada que ver con la de Villefranche, se agradecía el calorcito. Era muy moderna, pero................con las escaleras mecánicas paradas. Cómo se nota que tienen poco presupuesto. Volvimos a validar los billetes de vuelta y como era pronto nos subimos (¡andando!) a la cafetería y aprovechamos en unas tiendas para comprar recuerdos y ropa con el logo del Grand Prix.
Cuando llegamos a Villefranche llovía a cántaros, y el suelo no es que tuviera charcos, es que era todo uno. ¡Y yo con sandalias! Caladita y helada de frío, y con mi Antonio sin protestar, llegamos hasta el puerto sin poder ni levantar la vista para echar una ojeada al pueblo, pero como la desbandada de Mónaco por lo visto fue general, tuvimos que esperar una segunda lancha que nos trasladara al barco. Por fin, entre lluvia, truenos, frío y viento, embarcamos.
Después de la odisea, sobre las cinco de la tarde comimos. Y ya empezó a despejarse y la tarde se quedó preciosa. La madre que ...................

Un repaso al alemán


Hace unos cuatro años que dejé aparcados los estudios de alemán, y me arrepiento muchísimo de haberlo hecho porque se me va diluyendo en la memoria lentamente, lo poco que aprendí. Bien es cierto que es poca por no decir ninguna, la ocasión que tengo de poderlo practicar, a no ser cuando me voy a Torrevieja, que estoy rodeada de alemanes, pero no con la suficiente confianza como para chapurrear algo con ellos.
Ese miedo al ridículo que llevamos en la frente los españoles en general, nos hace cortarnos a la hora de soltarnos en una lengua diferente de la nuestra, a no ser que la tengamos muy dominada. Y el caso es que cuando yo oigo a mis vecinos alemanes intentando hablar español, le pegan unas patadas gloriosas a nuestro idioma sin inmutarse siquiera. Pero cada uno es como es.
Ahora estoy reciclándome e intentando volver al menos al punto donde lo dejé, pero hay que reconocer que es un idioma hecho para fastidiar al prójimo, y además a mala leche.
Los verbos modales, una vez que los aprendes, ahí están y no se olvidan; las declinaciones las debió de inventar un sádico, porque los puñeteros lo declinan casi todo; la estructura de las frases, justo al revés de la nuestra, y cada dos por tres, el verbo a tomar por saco al final del todo.
Pero lo que más retorcido tiene el alemán son los verbos separables, que según la partícula que tengan, cambian totalmente el significado, y como esa partícula va al final, pues hay veces que tengo que volver al principio de la frase, para enterarme de algo.
¿Y los números? Naturalmente, al revés. Si en español decimos treinta y uno, aquí se dice uno y treinta, y cuando la cifra es alta, te puede dar la risa o un síncope de lo largo que puede llegar a ser.
Y luego, la de palabras que hay para una sóla cosa: recuerdo que estábamos haciendo un ejercicio sobre un crimen, y al decir "le disparó"... ¡QUIETOS, QUE NO ES TAN FÁCIL!
¿Le dió, le hirió con sangre, no salía sangre, le rozó, pasó cerca, cómo de cerca, a bocajarro, aposta, casual...? Mil formas para describir un simple disparo.
Otra de las cosas muy divertidas del alemán es la ubicación de las personas y las cosas y los movimientos. Porque tú te puedes mover, pero si lo haces dentro de una habitación, no te estás moviendo. Si sales, sí. Es como un gran puzzle donde si al final consigues encajar todas las palabras de forma correcta, te llevas un alegrón, como si hubieras resuelto el enigma de la pirámide.
En cuanto a la pronunciación, no voy a decir que sea un idioma dulce. Entre je t'aime o ich liebe dich, me quedaría con el primero, pero tampoco es tan fiero como lo pintan. Yo creo que como hablan tan deprisa y tienen tantas consonantes, suena duro, pero a mí no me disgusta. Es más, me encanta y no deja de ser un reto.
Voy a seguir estudiando.
¡Tchüss!

14 de enero de 2011

El barco

Después de desayunar cogimos un taxi que nos llevó al Moll Adosat (no sé si se escribe así) y allí se encontraba nuestro barco. Aunque era temprano, pudimos facturar el equipaje que era bastante voluminoso porque se utiliza bastante ropa en los cruceros: lo que se lleva durante el día para las excursiones ya no vale para el siguiente porque se suda mucho, y por la noche en la cena hay que vestirse un poco. Así que con las maletas a reventar, casi tanto como nuestra ilusión por embarcarnos, facturamos y pasamos directamente a la sala de espera, ya que llevábamos el check-in on line y no tuvimos que esperar.


A través de un foro de internet nos reunimos 55 personas para hacer las excursiones con una agencia externa a la naviera, y habíamos quedado todos en el bar Panorama, cubierta 11 para conocernos, pero algunos ya nos identificamos en la sala antes de subir al barco. Fue muy agradable ir poniendo caras a los nicks que teníamos en el foro.

Y subimos, y entramos por recepción. Esta vez no nos esperaban los camareros vestidos de negro con guantes blancos para acompañarnos, así que cada uno se fue yendo a su camarote. Al llegar al nuestro ya estaban las maletas en la puerta, y no tuvimos ninguna sorpresa porque era exactamente igual al del buque Empress con el que hicimos el Báltico. No le sobraba espacio, pero tampoco faltaba nada de lo necesario.

Como el simulacro de naufragio era a las 16'30 de la tarde, antes colocamos todas nuestras pertenencias en los armarios y cuando sonó la sirena cogimos nuestros chalecos y nos reunimos en el punto de encuentro que nos pertenecia, y que estaba señalado detrás de la puerta. Aquí tengo que hacer un inciso, porque la gente tiene una tranquilidad enorme. Cuando ya estábamos terminando, todavía se incorporaba gente, como pasando del tema, cuando es tan importante tener esas cosas claras. Un barco no es un coche del que te bajas si las cosas vienen mal dadas.

A las seis, hora en la que habíamos quedado con el grupo, subimos a la cubierta de la piscina, donde en popa se encontraba el bar Panorama, y poco a poco fuimos llegando. Abrazos, risas, nervios...............y venga caipiriñas, mojitos, tornados, piñas coladas, destornilladores, etc.

Y luego tocaba conocer el barco: el Sovereing de Pullmantur, más grande que los anteriores que utilizamos en los otros cruceros, espectacular como todos, con bastantes ambientes donde elegir para la noche, con 1162 camarotes, una eslora de 268 metros y una manga de 32, con capacidad para 2733 pasajeros.

Como habíamos elegido el segundo turno de cena, fuimos primero al teatro a ver el espectáculo y luego al restaurante. Por activa y por pasiva pone que no se puede hacer fotos a los artistas mientras están actuando, pero la gente pasa alegremente y los flashes no paran todo el tiempo molestando al resto. Y otra cosa: si lo que quieren es hablar pues que se queden fuera del teatro, pero si entran, que permanezcan callados o hablen lo mínimo para que los demás nos podamos enterar de lo que pasa en el escenario sin tener que estar chistando todo el tiempo.

Estuvimos escuchando música, pero el cansancio nos rindió, y nos retiramos pronto.

Antes de acostarnos pedimos un cambio de camarote, ya que al haber una puerta (cerrada, claro) en la pared, se escuchaban todas las conversaciones de los vecinos de cabina, y muy amablemente y sin ningún problema, nos cambiaron y nos ayudaron a trasladar el equipaje.

Habíamos zarpado a las 17'00 horas, y tuvimos una noche de navegación muy tranquila, aunque se vislumbraba algún que otro relámpago en el cielo. ¿Lloverá quizás mañana?

Se duerme muy agusto en el mar.


Bueno, pues aquí estamos Los Gladiadores, que no podíamos hacernos la foto del grupo en otro sitio más acorde.
La recepción.


Escaleras por las que pasamos mil veces.

Distribuidor en cuyo centro había una maqueta del buque para que supiéramos en todo momento (cosa que a veces se olvidaba) dónde teníamos la proa y la popa. A las cabinas se entraba por ambos lados.

El hall, bastante espectacular, con los ascensores centrales.

Otra vista del hall.
La piscina. Algo que a la mayoría de los que viajan en un crucero les chifla, y que a nosotros nos da lo mismo si es grande o pequeña, porque no la utilizamos. Había gente que por la mañana temprano ya estaba en los jacuzzis para que no les quitaran el sitio. El bar Panorama está al fondo, y detrás el Buffet Panorama.
En la foto anterior, se puede observar arriba un espacio redondo, que es el bar Lunge, y desde el que se tienen una vistas magníficas de 360º. Solía haber música en vivo y se estaba muy bien. Abajo se ve.
El comedor: ocupaba dos plantas y a nosotros nos tocó en la de abajo.
Los mostradores del buffet, que tenía cada día una cantidad enorme de comida variadísima y muy bien hecha. En el desayuno era difícil elegir qué tomar, porque todo estaba riquísimo.
Un espacio que ni siquiera vimos: la biblioteca. ¡Pero si no da tiempo ni a leer una revista!
La zona de tiendas. A la izquierda estaba el café San Marcos, donde algunas noches quedábamos con los amiguetes.
El teatro, grande, pero con la misma pega que el del Empress. en los palcos sólo se ve el escenario desde la primera fila. Los demás han de imaginar lo que pasa. Y el patio de butacas bien, pero hablan como loros.
El salón Rendez-vous. Uno de los sitios que más me gustaban. Con música salsera y buen ambiente, aunque (otra pega, lo siento) demasiadas veces inutilizado para el bingo.
El Spinnaker, donde se respiraba un ambiente relajado, con música en directo, y donde se servía el mejor café de todo el barco. Mi Antonio, no se puede resistir cuando ve una rueda de timón.Otro aspecto del Spinnaker.
La discoteca. Algunas noches nos hemos quedado hasta las tantas bailando.
Y el casino, al lado del Spinnaker, que como en todos los barcos se me antoja enorme. No se veía a mucha gente jugando.
Y bueno, pues para que os hagáis una idea yo creo que ha sido suficiente.

¿Iremos a Mónaco? Las previsiones meteorológicas son criminales.











11 de enero de 2011

Crucero por el Báltico: Tallinn

Ya está colgada también esta escala. Espero que os guste.

9 de enero de 2011

Declaración de intenciones

Totalmente arbitrarias, anárquicas y acomodaticias a lo que el cuerpo me vaya pidiendo a lo largo del año que empieza, que dicho sea de paso, es un número feísimo.
Ya estoy harta de comenzar siempre sujeta a un manojo de condicionamientos socialmente correctos, que atentan contra mi libertad como individuo, y que me acarrean sentimiento de culpabilidad cuando no cumplo las espectativas. Y digo yo ¿Pero a quién tengo que darle cuenta de mi forma de conducirme? Absolutamente a nadie que no sea yo misma. Y yo que me quiero muchísimo, y que sé mis puntos flacos, este año he decidido que en lugar de castigarme con propósitos que pesan como losas, sobre todo cuando no se cumplen, voy a empezar en camino llano, o sea, sin obstáculos. Relajada, a donde llegue es que he llegado, y donde no, pues hija no te preocupes que nadie es perfecto. Y qué descanso se siente cuando una asume que la perfección es cosa de otros y se libera de esa carga.
Qué distinto se empieza el año así, sin presiones.
¡QUIERO HACER LO QUE ME SALGA DEL MOOOOOOÑOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!