Bienvenidos a El mirlo de papel

Soy Varech y ando por la Red desde hace un tiempo, lo cual me produce a veces quebraderos de cabeza aunque la mayoría de las ocasiones me satisface.

6 de enero de 2010

La Cagonlaleche Cap V




Cagoleta:


Iñigo............mi fiel amante que me acompañó en mis horas postreras....... Lo nuestro fue más de alma que de cuerpo, de paz y sosiego, que de viscerales pasiones, pero no por eso menos profundo.
Recuerdo cuando me recitabas:
"¡Siéntate y bebe!
Gozarás de una felicidad que Mahmud nuca conoció.
Escucha las melodías que exhalan los laúdes de los amantes.
Ellos son los verdaderos salmos de David.
No busques ni el pasado ni el porvenir.
¡Que tu pensamiento no vaya más allá del momento!
Es el secreto de la paz".


Aquellos versos de Omar Kayyâm nos acompañaron siempre. Ese libro, que compre a unos traficantes persas, me hizo conocer la verdad y razón de la existencia. Como aquel otro Rubaiyyat:
"La aurora ha llenado de rosas la copa del cielo.
En el aire de cristal se agota el canto del último ruiseñor.
El olor del vino es más ligero.
Y pensar que en este momento los insensatos sueñan con gloria y honores.
Que sedosa es tu cabellera, mi bien amada".

Permaneciste conmigo en Villa Fiore durante cinco meses y cuando estabas ya presto a partir, conociste lo grave de mi enfermedad. Ni un instante la duda pasó por tu mente y decidiste acompañarme para compartir los últimos días de mi vida. Todo se terminaba, y mientras cerrabas mis ojos, leías en voz baja:
"Has recorrido el mundo palmo a palmo y todo aquello que en el mundo viste, es nada, nada.
Has sentido pasar como un ensalmo músicas y palabras; cuanto oíste, es nada, nada.
Al Universo todo lo has medido y el Universo en su infinita anchura, es nada, nada.
Por fin en el rincón te has escondido de tu alcoba ¿Y qué vió tu desventura? ¡Nada, nada nada!".


Ahora permanezco en lo infinito, donde la razón y la lógica no tienen cabida. Cuando desde la popa miréis la estela que deja vuestro barco, pensad en mí. Siempre seré un recuerdo que a la par que se diluye.....renace.

Rapperr:
Yo te juro, mi querida Cagoleta, que la Cagonlaleche emanará cada noche tus perfumes trayendo tu presencia a mi alcoba, que vacía de tu cuerpo, se llenará de tus risas, barriendo con tus labios los más bajos prejuicios que tenía contra tí y tu forma de ver la vida.
Era la primera vez que experimenté la cama caliente y no fue nada fácil admitir que estaba enamorado perdidamente de una mujer insaciable, y que al salir yo de tu lecho, ocupabas rauda el vacío que yo había dejado, enredándote en besos y abrazos con Iñigo o Altair.
Incluso creo que N'Guebo y M'okele gozaban también de tus favores.
Cagoleta de mi vida, no sé cómo podías con tanto.
Y no te preocupes, que en nuestra Cagonlaleche, jamás nadie pondrá macetas, aunque sea una corsaria de rancio abolengo.

Cagoleta:
Rapperrrr.... mi cómplice, mi fornido corsario, mi desmemoriado amante. Desde aquella vez que te vi luchando entre las olas, aferrado a tu gallardete, pero hundiéndote irremisiblemente, supe que tendría contigo una relación especial. Tu sombrero, cual aleta de escualo, pasaba de las cumbres a los valles de aquel infierno de agua. Gritabas para llamar la atención de mi tripulación y lo conseguiste.
Fuiste huésped de honor en mi CAGONLALECHE y el resto de la singladura te aferraste al timón de mi goleta y de mi cuerpo. Tú eras el más embravecido por los calores del vino y los ardores volcánicos que expelías sin tregua. Y heme ahí, henchida de sublime gozo, abandonada a los placeres carnales, disfrutando con los cinco sentidos ( los de N'Guebo), de lo que la vida había venido a ofrecerme de forma tan fortuita.
Tuviste que compartir con el resto de los náufragos los favores de tu capitana y eso nunca fue de tu agrado. Al ser el mayor, llevabas todavía grabados los principios que te inculcaron a propósito de que las mujeres no se comparten; pero a mí me gustaba recordarte a quello de "cuando un piano ha sido ya usado, suena infinitamente mejor". Y si son varios conciertos diarios, mejor para el piano y para el pianista.
Por fin reconociste todo lo que yo te enseñé de la vida y de la cama, y espero que alguna pirata lo sepa reconocer.
Recuerda lo que te dije: "En la goleta, ni una maceta".
¿Recuerdas nuestra semana en Favignana?. Allí pasamos los momentos más bellos que soy capaz de recordar. Nos adentramos con la Cagonlaleche en la Gruta Azul, cuyas aguas de un añil intenso acogieron nuestros cuerpos desnudos. . Luego seguimos por la del Suspiro y Los Enamorados, con sus dos rocas gemelas. Ahí, ya estábamos algo sobrados de Marsala, y nos hicimos una foto que seguro andará perdida por algún cajon de la Cagonlaleche. ¿Te acuerdas, rapero?
Al ser conocedora de mi enfermedad, quise donarte la Cagonlaleche, que tantos buenos momentos nos había deparado, pero tú, todo un caballero, no aceptaste mi propuesta y decidimos jugárnosla al chinchón.
Te dejé ganar y alejándote por esos mares, no volví a tener noticias tuyas; sólo las que Iñigo o Altair me traían: me contaron que te habías establecido con una corsaria en una taberna de piratas, y que nuestra goleta estaba amarrada en un puerto al otro lado del estrecho de Gibraltar.
En este corazón mío tan re"partío", mi corsario, mi viejo corsario, tendrá siempre un lugar de honor.

Serviola:
Jamás pensé que un humilde obsequio a Altair, provocara tal derroche literario.
Yo había oído a hablar de Lucía, hace ya muchos, muchos, años, quizás demasiados. Una tarde gris, dejaba vagar mis ojos por el Mar, cuando un viejo velero de madera, atracaba en el alto espigón. Un marinero enjuto, de edad indefinible y rostro triste desembarcó.
En un mal Español con fuerte acento Francés, me preguntó sobre la existencia de alguna taberna, donde mitigar su sed. Lo invité a una copa de cognac (hoy brandy) y me contó su historia.
Tiempo atrás, el padre de Lucía convino el matrimonio con un ilustre y anciano jerarca de la región (el actual marinero). Este pacto alivió sus finazas y procuró una vida desahogada para la hija.
La misma noche que declaró su amor a Lucía, el padre les comunicaba el evento. El viejo Marinero describía así la tempestad de su alma: "Cuando salí de la casa, la voz de Lucía aún vibraba en mis oídos; su belleza me seguía como un espectro y sus lágrimas se iban secando en mi mano. Mi vida fue como la salida de Adan del Paraiso, pero la Eva de mi corazón no estaba conmigo, para hacer del Mundo un eterno Edén. Aquella noche, en que había yo nacido por segunda vez, sentí también que había visto el rostro de la muerte por vez primera." El Marinero embarcó y años después, tras circunnavegar Mundo sin destino, se enteró de la Muerte del Jerarca y de la vida disipada que Lucía seguía. Le conminé a buscarla, pero el contestó "Mi tiempo ha pasado". Días después abandonó el Puerto en Solitario, como llegó, y jamás supe más de él.

Cagoleta:
Mi amado Iñigo: espero volver a disfrutar de tus poemas en el nuevo velero, por aguas menos bravías que las que antaño recorrimos. La fantasía hace posible cualquier deseo imaginado. Mientras esa ocasión llega, voy a pagar una ronda a la buena gente que llena esta taberna, en forma de soneto:

Sorpréndame la noche amanecida
en brazos de mis amores laudados,
con capitanes y peres osados
en lecho de espuma blanca mecida.

¡Ay goleta, de fama merecida!
con dos palos hacia el cielo apuntados,
dos falos de recuerdos añorados
y un mascarón ganador de salida.

Tabernero, sirve a mis invitados;
llénales esa copa desmedida
y que aflojen sus cabos amarrados.

Pues tan bueno es volar en la partida
con buenos vientos a favor alados,
como gozar del placer y la vida.

N´Guebo:
Ama Lucía, estrella de las noches y luz de las oscuras montañas donde mora el león del Serenghetti... mujer misteriosa como la bruma en la selva... guía de nuestros maltrechos espíritus... ¡ cuántos recuerdos trae a mi mente oir la música de tus poemas !.
Nunca antes te referí nuestra historia, nunca preguntaste mi pasado. Me alimentaba de tus miradas y tus negros ojos y sólo eso me bastaba mientras Mo'Kele y yo fuimos tus sirvientes. Me haces recordar las estrofas del célebre poeta Ubeng D'aio, que por las noches, a la luz de la hoguera, nos recitaba el hechicero de la tribu mientras expulsaba los demonios de algún poseído:

" No te sientas cautivo, ni aún cautivo.
No te sientas esclavo ni aún esclavo.
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete con furor, ya malherido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
que aún viejo y ruin vuelve a ser clavo
y no la cobarde intrepidez del pavo,
que amaina su plumaje al menor ruido..."

Sorprendentemente, estos versos que riman en vuestra lengua, en la nuestra no, por alguna extraña paradoja del destino, ya que fueron escritos en Fang, lengua en la que los poetas son poco proclives a la rima musical, y más a la belleza conceptual.
Cuando Mo'Kele y yo llegamos al Gran Azul, en cuyas orillas moran hombres vestidos con largas túnicas y turbantes que viven en casas de barro, decidimos buscar una gran canoa que nos permitiese surcarlo. No entendíamos su lengua, hablaban rápido y gesticulaban, no me queda duda de que eran poseídos y deseé que el hechicero hubiese venido con nosotros para ayudarles. Por unas calles estrechas llegamos a un gran claro, donde muchos hombres (y mujeres, que cubrían su rostro), gritaban y ofrecían frutas, pollos, verduras y diversos utensilios. Lo cierto es que, ahora que lo pienso, si Ghanga se hubiese tapado un poquito como ellas, no estaríamos aquí. Pasamos cerca de un hombre que nos gritaba y nos ofrecía un pollo...Mo'Kele y yo aceptamos su amabilidad y lo cogimos. El hombre pareció excitarse de felicidad por haber aceptado su regalo, y chilló aún más cuando nos marchábamos. Pobrecillo, quizá pensó que éramos sordos. Enseguida muchas personas nos rodearon gritando para celebrar que dos príncipes como nosotros hubiésemos aceptado el presente y nosotros les hicimos la señal de agradecimiento de nuestro pueblo, que consiste en imitar el gruñido del jabalí en celo, señalando al que nos ha honrado con el regalo mientras alzamos el pollo en señal de aprobación.
Esto fue en aumento, la verdad es que la hospitalidad de estos hombres no tiene límite. Tanto es así, que en seguida vinieron los guerreros de su tribu, tantos como dedos tienen nuestras manos, y nos tomaron por el brazo a Mo'Kele y a mí, para llevarnos a algún sitio para el agasajo. Como es costumbre en mi pueblo, eructamos seis veces cada uno en el oído del guerrero que nos acompañaba, como muestra de nuestra aprobación por el banquete que, seguramente, nos depararían al llegar y como indicación del hambre que teníamos. Esto pareció gustarles aún más , pues lo celebraron con grandes alaridos, y finalmente nos llevaron a la casa de los guerreros. Allí nos prestaron una habitación donde dormir y mi primo y yo no cabíamos de agradecimiento, tanto es así que al llegar, les deparamos el mayor honor que un príncipe puede regalar a un guerrero, expulsamos con sonoridad los gases de nuestro cuerpo mientras reíamos a carcajadas en señal de amistad. Y allí caímos finalmente rendidos, en esa habitación cuyas paredes son unas barras que te permiten ver dormir a todos los invitados y así poder hablar y departir todos juntos. Charlamos por señas con los invitados de al lado mientras Mo'kele y yo, en cuclillas, deponíamos algunas bulakas, que llevábamos ya un día entero sin parar y no tuvimos tiempo antes. Fue algo inolvidable. Al día siguiente, con gran sorpresa, vimos como nos habían conseguido una gran canoa para cruzar el Gran Azul, donde subimos muy temprano por la mañana escoltados por los guerreros, junto con muchos otros hombres de tribus de la selva que pude reconocer. Nuestro viaje fue muy extraño, pero no puedo relatarlo ahora por estar escaso de tiempo.

Cagoleta:
N'Guebo: Sigue contando a los blancos tus andanzas por el mundo. Tu ama Luccia siempre te tendrá en su recuerdo.
Muy bonito el poema de Ubeng D'aio. Me ha gustado tanto, que te devuelvo otro del mismo autor:

Puede una gota de lodo sobre un diamante caer,
puede también de este modo su fulgor oscurecer.
Pero aunque el diamante todo se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante por más que lo manche el cieno.

Recostada entre los nimbos veo pasar los avatares de aquellos que todavía luchan por conseguir lo que yo logré. No quisiera que me recordáseis únicamente por mi faceta de amante; decir que fui buena en ese tema sería redundar en lo obvio. Pero mi vida estuvo presidida sobre todo por el amor a la mar , que pude compartir durante muchas horas con grandes amigos.
El cielo y el viento fueron mis verdaderos compañeros de viaje: besos de dulce brisa en mi cara o un Eolo celoso enredando mis cabellos; techo añil cálidamente bañando mi cuerpo o miles de perlas de agua sobre mi nave escanciadas.
Esencialmente he sido MUJER de MAR, y mi condición como tal me condujo a sublimes pasiones en los dos ámbitos: a bordo de mi goleta no tuve rival y las sábanas de raso de mi cama conocieron las mayores tormentas y los más apacibles lagos de tranquilas aguas.
Pero también hubo noches a la luz de una lámpara de gas en la cubierta del barco entre rostros de plata. El viento acariciaba las velas, que a dúo con las olas que rozaban suavemente el casco de la nave, componian la música más maravillosa que se puede escuchar en la soledad del mar. Allí contábamos historias, imaginábamos situaciones, reíamos, recitábamos poemas, jugábamos a las cartas, nos sincerábamos hablando de la vida, del amor y de la muerte y seguíamos navegando.....navegando.....navegando......

Continuará


La Cagonlaleche Cap IV


Wandita:
No sé si será el bohemio espíritu marinero, o los efluvios del alcohol, que va a ser eso pero hay que ver lo tronaos que estáis. En el buen sentido de la palabra eh ?????

N´Guebo:
Pequeña Wanda (en mi país no existen los diminutivos). Mi religión me impide beber cualquier sustancia fermentada, con lo que la historia que relato es gran verdad, como la escrita en las piedras del bosque de los Kalogos. Los tres náufragos pueden dar fe de lo que digo.

Altair:
No sé cuantas horas dormí, no tengo conciencia si me levanté, siquiera para ir al aseo a orinar...Sin duda tras la prolongada deshidratación, mi vejiga, ni almacenaba orina... Abrí los ojos, y lo primero que pude oir fue el fuerte respirar de uno de mis compañeros y el roncar del otro...no pude distinguirlos. Me di cuenta que alguien hacía un suave ruido de papeles...era Silvano que junto a la mesa de cartas anotaba la posición de la goleta.
Había mar allí arriba, y navegábamos dando pantocazos y bandazos... En cuanto se percató Silvano de mi despertar, acudió presto a la puerta de mi camarote y me preguntó, con amabilidad, cómo me encontraba, transmitiendo enseguida a la Capitana mi estado.
Llamó a N´Guevo, que luego me enteré que era el cocinero-marmitón-Gambucero y veinte cosas más, para que me acercara el desayuno. Me pareció extraña la tripulación y mientras tomaba el desayuno de pan tostado con aceite y tomate restregado junto a un buen tazón de café con leche, charlé con Silvano de la forma en que él había entrado al servicio de Luccía.

N'Guebo:
No es N'guevo, es N'Guebo. De los N'Guebo de Numidia de toda la vida.
Nunca supisteis siquiera escribir mi nombre, a pesar de las tostadas con tomate... De todos modos da igual, en mi país no hay faltas de ortografía.

Altair:
Pues mira que tienes razón N´Guevo, yo de toda la vida te hacía por "Singüevos" o por "Ungüevo"; jamás lo tuve claro del todo. Disculpa mi ignorancia; nunca se me dió bien el numidio.

Cagoleta:
No puedo por menos que volver....... Qué alegría tan grande haber tenido otra vez noticias de mis dos maravillosos negrones N'Guebo y Mo'kele (ya quisieran muchos poder escribir con semejantes plumas).
Chicos, dejaros de discusiones; huevo arriba, huevo abajo, la verdad es que poco importa. Recuerdo la primera vez que te ví, con tu 187'3 de estatura. Lo primero que me pasó por la mente fue: "Este chico tiene cara de capao", y efectivamente te faltaba una bolsa testicular, pero con la que te quedaba.....cómo sabías adornarte. Los dos habéis sido fieles guardianes de mi honor traviesillo y de mi culillo de mal asiento. Qué compenetración tan grande teníamos, en el buen sentido de la palabra ¡¡¡¡Dios!!!!
Una noche, en la que Jacar había bebido demasiado, se empeñó en hacerme el amor en la cofa, ni más ni menos, y después de una demostración de contorsionismo, paso lo que tenia que pasar: entre el oleaje que había y los pantocazos de la goleta la cosa se puso pelín complicada y de pronto vi a Jacar salir despedido como un disco volador hacia el agua. Encojidito del todo lo recogieron mis negrones, porque estaba tiritando. Cuando despertó, la imagen era indescriptible: N'guebo y el Mo'Kele, con la piel roja tirando a granate conteniendo la respiración, mientras Jacar más que manos poseía tenazas con las que trincaba lo que habían sido sus cuerdas de salvación. En la cofa ya no volvimos a hacer el amor, pero mis fieles sirvientes se encargaron de que cada rincón de la CAGONLALECHE fuera para mí un paraíso de orgías y placer.
Otro día, si vuelvo a apearme por esta taberna, os contaré alguna anécdota divertida de mis frenéticos amoríos con Rapperrr...el muy mamón...... Pero yo le amaba, y aunque sabía que a veces me engañaba, una vez y otra me rendía en sus brazos. Hay cosas que no se pagan con direro y este corsario me llegó al corazón.

Manolo_g:
Estimados tabernarios: Me ha llegado un emilio, de un tal Stefano, que dice ser el Notario del puerto, donde recalo la Cagonlaleche en su postrer viaje. Por su interés en esta historia, me ruega que os la trascriba:

En la goleta Cangonlaleche
Tres marinos embaucaron
A una dama de Larache,
Y con ella se embarcaron.
Pensando engolfar con Lucia
Pero lo que se encontraron
Fue un travesti de Carlucia.
Lucia oculto sus risas
Cuando vio al trio calavera
Seduciendo y haciendo risas
Con un oficinista de una naviera,
Que se hacia llamar Marisa.
Con intereses aviesos,
El trio busco las carnes,
Y se encontro con un sieso.
Ladraron los canes,
Chillo el raposo,
Cuando se encontro el trio
Con aquello, aún en reposo.
Apenose Lucia con el hecho
De que tres navegantes fornidos
Camelaron y encamaron,
Con el hecho fortuito
De que no era la hermana de Lucia,
Que era ¡un tio!
Apenada estaba Lucia
Y para limpiar tal baldón,
Llamo a un notario y testó .
Y aquí acaba la historia
De tres navegantes
Que tomaron achicoria ,
Que buscaron con diversas artes,
Las carnes de la hermanita
Y encontraron a Marisa

Stefano Benvenutti Notario della scuola di Ilustre Citta di Calurcia
N´Guebo:

Seguid, hombres blancos, seguid vuestro escarnio. Pero las vidas de mi primo Mo'Kele y la mía propia son harto turbulentas, a pesar de ser nuestra sangre la de la realeza. Muchas noches hemos pasado oyendo vuestros gozos en el camarote mientras hacíamos guardia bajo la luz de las estrellas, y entre gozo y gozo, un señor salía por el tambucho y con un extraño instrumento miraba el cielo y escribía lo que veía, y pasaba horas enteras consultando libros y sumando estrellas para, finalmente averiguar lo que Mo'Kele y yo sabíamos: dónde estábamos. Sólo tenía que preguntarnos. Se lo hubiesemos dicho. En la selva, los sentidos se afinan, y los nuestros eran como los de la pantera. Os contaré nuestra breve y triste historia y por qué tuvimos que abandonar la tribu a causa de la escasez de rinocerontes... En primavera, con la crecida del Obembe, el jefe Afog'Utu, desposado con la bellísima Ghanga, partía con los cazadores de la tribu a la caza del rinoceronte. En la aldea quedábamos mi primo y yo, además de las mujeres, ancianos y niños de la tribu y la felina Ghanga. Una noche, mientras el jefe estaba fuera, con mis finos sentidos (que eran como los de la pantera), oí unas pisadas sigilosas (¡ eso es oído !). Me asomé a la choza, y en medio de la terrible oscuridad de la selva, pude distinguir la fugaz figura de mi primo Mo'Kele dirigirse a la choza del Jefe ( ¡ eso es vista !). Me aproximé y oí a mi primo Mo'Kele y a Ghanga jadear de pasión ( ¡eso es gusto !), me retiré discretamente sin hacer ruido (¡ eso es tacto !)... Pero al amanecer siguiente, el Jefe volvió de la cacería antes de lo previsto, pues no había caza, hallando a Mo'Kele yaciendo con Ghanga y obligándole a una vergonzosa huida, en la que le acompañé a través de Africa. ¡ Pobres de nosotros, que tuvimos que abandonar la aldea por causa de la escasez de rinocerontes !. Despues de muchos avatares, fuimos apresados por mercaderes berberiscos, pero esa es otra historia que ahora no deseo referir. Reid, pues, hombres blancos, de estos príncipes de vida azarosa y mala fortuna.

Iñigo:
No puedo intervenir porque el refrescar tantos recuerdos hace que se me nuble aún más la vista de lo que es habitual.
Como poder conciliar el sueño con unos relatos que... entiendo va a poder leer la Inspección de Hacienda e intentar investigar del origen de nuestras respectivas fortunas. Perlas, zepos y sondas romanas, ánforas, monedas de oro, etc, etc,...
Os pido más discreción en este medio y quizás poder seguir contando la historia como realmente fue delante de Cagoleta... en el Tandy o en cualquier otro sitio Atazar, Cádiz, Los Roques, La Palma o Venecia. ¿Por cierto Altair has omitido completamente la historia de aquel amigo de la Breña (No recuerdo si Alta o Baja) que también participó de los favores de Cagoleta.... ?

Cagoleta:
Sr. Manolo_g: no tuve el gusto de conocerle, pero al oírle hablar de Stefano (el notario), no puedo por menos que puntualizar algunos datos erróneos que ese gusano con piernas le facilitó. El susodicho se llevó una fuerte comisión en negro del legado de Villa Fiore, situado en la Toscana, concretamente en Florencia, y que es herencia de mis antepasados los Médicis.
Altair le untó bien la entrepierna para que influyera en mi decisión, convenciéndome de que quién como él para perpetuar mi recuerdo en cada estancia de la mansión y en cada rincón de los jardines. No la cuidó muy bien el Maese ( no le gustaba este apelativo porque se sentía mayor), y a los dos meses de la cesión un pavoroso incendio la destruyó por completo.
Nunca supe si la chamusquina fue o no provocada, pero de lo que tengo certeza es de que cobró un pastón por el seguro, que le permitió comprarse en Africa diversas posesiones y tener amarrado en Pollensa un ketch de más de diecisiete metros, con un jacuzzi instalado en el salón. Este Altair siempre tan comodón, pero encantador, educado......todo un caballero. El Capitán también tenía sus "rarezas": no se quitaba el chaleco salvavidas ni estando en tierra y llevaba siempre los bolsillos llenos de aperos de navegar y de no navegar, por si le hacían falta en cualquier momento; y cuando digo "cualquier momento".....pues también.
A veces la coyunta se hacía harto compleja, y el movimiento acompasado del tintinear de las tijeras al tropezar con un trozo de cable, que a su vez daba contra un silbato, terminando con el ruido que hacía al chocar con la brújula...daba paso a una apasionada agitación , empezando así los problemas, porque la situación adquiría a veces tintes cercanos a la violencia. Yo, sinceramente me afanaba en darle placer, pero en ocasiones se hacía difícil por la cantidad de objetos que llevaba en los bolsillos y con los que a menudo me equivocaba en medio del fragor amoroso.
El silbato, en uno de los envites se me vino a la boca y claro, como yo estaba en plenos jadeos, aquello empezó a pitar que parecía yo la protagonista de Titanic.
A todo esto la Virgen del Carmen, en forma de escapulario, dando pantocazos entre los dos, que aquello cortaba lo suyo. Y él: "Vamos Luccia, vamos Luccia, que ya está ampollando la marea".
Al final me acostumbré y aprendí a sacarle partido a la multiusos, la brújula, el silbato, etc, etc, etc. Todo puede servir para los momentos placenteros. Hacer el amor con Altair, fue......diferente y muy distraído por lo variado del material que utilizábamos en nuestros juegos.

Iñigo:
Queridos amigos: Espero que sepáis disculpar mi ausencia, pero no me sentía con fuerzas para seguir escribiendo acerca de Lucía. Ahora, con el corazón sangrando después de haber leído tantas nuevas revelaciones, han venido a mi memoria nuevos recuerdos de su historia..
La vida se compone de momentos que vamos acumulando en lo más profundo de la mente, hasta que, de pronto, sin ningún motivo aparente, fluyen de nuevo ante nuestros ojos como escenas de una ópera.
Volvíamos de un largo y placentero paseo por la finca. El día había sido bastante caluroso y decidimos sentarnos a contemplar la explosión de luz y color que el sol nos regalaba en su diaria despedida vespertina; hasta nosotros llegaba el intenso perfume de las rosas. Con ternura, reclinó su cabeza sobre mis piernas y rodeó mi cintura con sus brazos. Comencé a acariciarle los cabellos con las yemas de mis dedos; a ella le encantaba que lo hiciera. Podía notar como la tensión la invadía poco a poco. Ella, con sus manos, exploraba mi cuerpo por debajo de las ropas, haciéndome descubrir sensaciones que ignoraba que existieran; excitado, la cogí con fuerza entre mis brazos y nos dirigimos con presteza hacia su cuarto. La deposité sobre la cama, mientras ella, acelerada, se despojaba con furia de sus ropas. Desnudos, caímos entrelazados entre sus sábanas; éramos presa de una pasión desenfrenada, como si necesitáramos vivir intensamente... Aquella noche inolvidable, después de largas horas de pasión, rendidos por la intensa excitación sentida, nuestras almas alcanzaron una comunión espiritual que ya no nos abandonó hasta su muerte.
La miré con ternura; podían notarse ya los efectos de su terrible enfermedad. Tenía los ojos cerrados; una dulce expresión de paz se extendía sobre su rostro; se había quedado dormida. Despacio, con sumo cuidado, acerque mis labios a los suyos, en un leve roce, casi inapreciable.
A mi mente vinieron unos hermosos versos del poeta Ibn Al-Zaqqaq: “Me escancia con su diestra y con sus labios. A un lado y otro la embriaguez me lleva. A fuerza de apurar cáliz y boca, ya no sé, dulce amor, cuál es el vino.”
Lágrimas de gozo comenzaron a caer por mis mejillas. Pensé, ¡Dios!, cuan doloroso es sentirse enamorado y, a la vez, que maravilloso sentimiento. ¡Te amo!, le dije en un susurro... Nos dormimos juntos, abrazados...
Ahora, de nuevo, recuerdo los premonitorios versos de Jayyám: "¡Qué solo estabas, Jayyam, junto a tu amada! Ahora que se ha ido, podrás refugiarte en ella.

Continuará

5 de enero de 2010

Que los Reyes Magos lleguen para todos

Esta noche, con la excusa de que mis nietos tenían que ver la cabalgata de Reyes, me he vuelto a poner en primera fila para no perderme nada, y he disfrutado mucho más que ellos viendo las atracciones y las carrozas.
Me empieza a preocupar que a mi edad, todavía se me humedezcan los ojos cuando veo pasar a Melchor, Gaspar o Baltasar, y se me quede congelada esa sonrisa de felicidad que sería lógica en los niños, pero que choca en mí.
Incluso mis hijas no daban crédito a mi emoción, pero es que tuve una infancia muy feliz, en la que este día era importantísimo para mí, porque Papá Noël ni estaba ni se le esperaba, y toda mi familia se volcó siempre en que todas mis ilusiones se vieran cumplidas, hasta en los mínimos detalles: mi muñeca preciosa, que me la pedí, pero de la que no me gustaban los pendientes, y que me dejaron esa noche con otros mucho más bonitos. Todo me parecía mágico.
Mis tías se esforzaban en hacerme cada año una cestita con papeles recortados, donde ponían los dulces que me gustaban, adornados con lazos de colores y algún que otro juguete por en medio. La encargada de hacer estos primores era mi tía Antonia.
Después, yo procuré en la medida de mis posibilidades, que mis hijas no perdieran esa ilusión y lo conseguí, aunque a veces se me complicaban las cosas económicamente, y tenía que hacer juegos malabares con algunos juguetes para darles un cambiazo y que no notaran nada. He vestido muñecas de princesa, con coronitas y tirabuzones en el pelo, y he hecho todo que estaba en mi mano para que esperaran esta noche nerviosas e impacientes.
Ahora, con mis nietos, vuelvo a revivirlo todo: preparé la bandeja con los turrones y una copita de vino, para los reyes, y agua y paja para los camellos.
No me importa que se me note la emoción en los ojos. Aunque pasen los años, seguiré viéndoles con cara de niña, y se me seguirá congelando la sonrisa en los labios.
Que los Reyes de Oriente, os traigan muchos regalos, y acordaros de dejar abierta la puerta del balcón.

3 de enero de 2010

Álbum de boda



Está cosido con la técnica mudéjar y el interior es de cartulina negra, con papel protector de fotografías.

Los novios de la portada son un dibujo de una servilleta, que al conservar sólo la parte de arriba y pegarla, desaparece y queda únicamente el dibujo.

2 de enero de 2010

Servilletero para Navidad


Este servilletero se lo regalé a mi AI en Mavidad. La tapa se abre sólo hasta la mitad.

No puedo poner los paso a paso de las cosas de cartonaje y encuadernación, porque para hacerlas se necesita algo de preparación y materiales muy específicos.

1 de enero de 2010

Tarta de queso y uvas al moscatel



Con el sabor todavía de las uvas de anoche, os pongo esta tarta para brindar con vosotros por el nuevo año.
Es un descubrimiento, de bonita y de rica, y la saqué del blog de María Lunarillos "Tartas provocativas".

Muy fácil de hacer y con ingredientes al alcance de cualquiera:


Para la base:
150 grms de galletas digestive
60 grms de mantequilla


Para el relleno:
250 grms queso filadelfia
250 " queso mascarpone
250 " chocolate blanco
250 " leche entera
40 " azúcar
1 sobre de cuajada
Uvas sin pepitas


Para la gelatina:
100 grms de agua
100 " de azúcar
125 " vino moscatel
4 hojas de gelatina
Preparación, para un molde de unos 22 centímetros:
Con las galletas y la mantequilla, preparamos una base y la colocamos en el molde.
Se ponen en el vaso de la thermomix todos los ingredientes del relleno, excepto las uvas y se tiene 7 minutos, 90ºC velocidad 1
Se echa con cuidado sobre la base de galletas.
Sin thermomix, se ponen los ingredientes en un cazo y en cuanto empiece la ebullición, se retira.
Rápidamente, se colocan las uvas como nos guste y en la cantidad que queramos, sobre la mezcla que hemos echado en el molde, sin moverlo de la mesa.
Cuando haya templado, lo metemos al frigorífico, varias horas, y mejor de un día para otro.
Hacemos el almíbar y ponemos a hidratar la gelatina, que incorporaremos fuera ya del fuego, así como el moscatel.
Nos ponemos cómodamente, sin prisas, y con una cuchara y cuidando de no formar burbujas, echamos una primera capa de gelatina y la dejamos que siente un poco. Si echásemos toda la gelatina de golpe, saldrían flotando las uvas.
Al ratito, otra capa, y después otra. Cuando esté cuajada, al frigorífico.
Desmoldar con cuidado, ayudándose de un cuchillo bien afilado.
Se le puede poner una cinta alrededor con un lazo navideño y ya damos el golpe, jejeje....
¡¡¡¡¡FELIZ AÑO!!!!!!!!

26 de diciembre de 2009

Y llegó Papá Noël

El árbol de Navidad se quedó pequeño para cobijar todos los paquetes que se apiñaban a su alrededor, y la intriga y la emoción se apoderaron de grandes y chicos que no pudieron esperar al final de la cena para abrir los regalos que les había traído Papá Noel.
Hubo que sacarlos del salón porque no cabíamos todos allí, y en el recibidor, a lo loco, rasgaron los papeles y los lazos, y sacaron las cosas.
Aquí el bacalao meneao.
El caos se apoderó de niños, padres de niños, cajas, cintas, juguetes, comida y mi alegría inmensa de verme rodeada de todos, aún a riesgo de tenerme que tomar un ibuprofeno para poder sobrellevarlo.
Siempre me gustaron las Navidades y me reconozco típica y tópica, pero me va este rollito de reuniones familiares.
Lo tenía todo preparado, pero cuando los críos empezaron a destapar los mil y un paquetes que había bajo el árbol y en una esquina del salón, porque el arbolito no daba para más, se inundó la casa de envoltorios y de lazos, y lo de poner la mesa pasó a un segundo lugar, porque el trayecto entre la cocina y el salón se hizo prácticamente intransitable, pero estaba en el ánimo de todos pasarlo bien, y aunque la mesa tuviera algunos fallos, lo importante fue que tuvimos una cena agradable y copiosa, en la que la estrella indiscutible fue, como siempre, el bacalao meneao, del cual este año hice una cantidad enorme, porque al otro día vuelven a tomarlo en el aperitivo, y luego se llevan a casa. Pondré la receta.
En medio de todo el jaleo de los niños, a mí me apetecía coger la pandereta y cantar con ellos unos villancicos delante del belén, que a estas alturas parecía ya una escena de un bombardeo, con todas las figuras por tierra, pero la mirada que me echaron todos cuando lo propuse, fue lo suficientemente disuasoria. Después de que llevaba un mes ensayando con ellos. ¡¡¡Qué injusta es la vida!!!
Hay cosas que se entienden, jajajajja................
Este año nos acompañó mi sobrino, al que no sé yo si le quedarán ganas de repetir, por lo movidita que fue la noche.
El menù resultó muy rico: las vieiras estupendas, los entrantes también, aunque hubo algunas cosas que no puse porque me pareció mucha comida, la carne riquísima, y la tarta bonita y deliciosa. De todo iré poniendo las recetas. Los turrones ya ni se probaron. Como siempre, se me quedarán en el cajón y eso que sólo compré cinco tabletas surtidas, pero somos más de postres que de bandeja de dulces.
Y después de estar sacándole brillo el día anterior a los bajoplatos, se les olvidó ponerlos, así como las etiquetas, pero no pasa nada, porque en Reyes repetiremos otra comida y los sacaremos a los pobres, que ya que sólo salen por Navidad, no les vamos a hacer la faena de olvidarlos en los cajones.
A los chicos les compré unas corbatas navideñas musicales fashion total, discretísimas y divertidas, y nos reímos un montón.
Cuando eran las cuatro y media de la mañana, Samuel se empeñó en levantarse, porque decía que ya se había despertado y no quería dormir más, que lo que quería era jugar con todo lo que le había traído Papá noel la noche anterior, y como pude lo contuve hasta las ocho y media, hora en la que ya no pude aguantarlo más y empezamos un día con la casa llena de gente, nos comimos el cocido con pelotas, como tengo costumbre en mi tierra, y por la tarde ya, cada uno a su casa.
El sábado volvimos a Alicante otra vez, y es que por circunstancias familiares, tengo que viajar ahora mucho, motivo por el que no puedo dedicarle al blog demasiado tiempo.
Os deseo a todos unas Navidades estupendas.








23 de diciembre de 2009

Preparando la cena de mañana



Cuando se acerca esta fecha, hay algo que no me gusta hacer y es estar cocinando, mientras los demás charlan, se ríen o discuten en el salón, así que me he organizado y ya lo tengo casi todo dispuesto para la cena.
Llevo todo el día en la cocina, pero me compensa un montón tener dispuesto ya, casi todo el menú, a falta de montar y decorar los platos.
Tendremos unos entrantes, que dormirán esta noche en el frigorífico en sus taper, de milhojas de salmón, bacalao meneao (producto genuino de mi pueblo en estas fechas), cucharillas de degustación con cebolla caramelizada y foie, escalibada, melón con jamón y ensalada de cangrejo, unos ahumados y plancha de gambones.
De primero, nos tomaremos unas vieiras rellenas, que las tengo también casi hechas, y de plato fuerte, he preparado dos rotís, que se están macerando ya y que huelen a gloria. Los acompañaremos con una salsa inesperada, y de postre una tarta de queso y uvas, y bandeja de turrones y dulces.
Ya sé que es una barbaridad de comida, pero es la excusa para que mis niñas no tengan que hacer cena en dos o tres días.
Para el día de Navidad, el inigualable cocido de mi tierra, faltara para lo que faltara, del cual nos comeremos las pelotas nada más y el resto también se repartirá en tapers. He hecho ya el bizcocho del tronco, para que sólo sea necesario rellenarlo y decorarlo.
Le he sacado brillo a los bajoplatos dorados, he envuelto los regalos que quedaban y ya lo tengo todo dispuesto para disfrutar con mi familia la Nochebuena.